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"Los espectadores de teatro son sobrevivientes que se dividen en tribus"


A FONDO: MAURICIO KARTUN DRAMATURGO

Las tecnologías avanzan sobre los espectáculos, pero el teatro defiende la persistencia de un rito añejo y entrañable, en el que público y actores comparten códigos y tienen tiempos propios.

Claudio Martyniuk.

Tal vez el teatro ofrezca la posibilidad de depurar aquello que nos presenta la realidad, y quizás por eso un tiro de bala en una sala tenga una intensidad inalcanzable para miles de balas televisivas. Con un ánimo divergente, una obra es capaz de tensar la atención, agudizar los sentidos, afinar el discernimiento. "Uno intenta luchar contra las metáforas y la realidad no deja de producirlas", afirma uno de los personajes de Ala de criados, obra escrita y dirigida por Mauricio Kartún que se ofrece el Teatro del Pueblo. De esa manera el teatro confronta con la sensibilidad capturada por la industrialización de la cultura.

¿Sería válido diferenciar a los amantes del teatro de los adoradores de la televisión?

Sí. En nuestra época se modificaron las condiciones de recepción del teatro, articuladas a lo largo de unos veinticinco siglos, porque hay espectadores que piden un tiempo diferente, el tiempo que incorporaron a partir del cine y especialmente de la televisión, que es el lugar donde se consume ficción a diario. Entonces, la vieja cocina del teatro, que es una cocina de autor, donde la comida marcha en el momento en el que la pedís, tiene unos tiempos que no se compadecen con cierta expectativa fast food que crea en el espectador el ver televisión todo el día. El espectador de teatro es un sobreviviente. Mantiene paciencia frente al hecho artístico y le aporta su propio tiempo, en función de lo que ese hecho va a devolverle. Esta actitud se va perdiendo en las nuevas generaciones, simplemente porque les faltó experimentarlo, porque disfrutan de otros tiempos de recepción, porque no pueden ver la realidad sin la velocidad de la edición.

Eso haría difícil hablar de teatro popular.

Resulta difícil hablar de teatro popular, más allá de que el teatro popular en general recurre a algunas formas más o menos festivas que siguen teniendo vigencia. Basta ver, por ejemplo, la experiencia notable del grupo Catalinas en La Boca, que es el teatro de la comunidad hecho por la comunidad, asumiendo los códigos del teatro popular tradicional, del sainete, el circo, los títeres. Esto es diferente al teatro de literatura dramática, que exige tiempo, paciencia, y que paga con un enorme disfrute.

Pero todavía el teatro más exigente tiene predicamento en el país.

He recorrido buena parte de los países en los que el teatro tiene tradición y presencia actual, y diría que no hay una ciudad que tenga la producción teatral que tiene Buenos Aires. Es muy difícil que al abrir la cartelera teatral de un diario en cualquier ciudad del mundo uno encuentre, como se puede encontrar acá un sábado, 250 espectáculos conviviendo en un espacio de cincuenta cuadras. Y es notable cómo se han generado también distintas estéticas.

¿Cómo se gestó esta presencia?

Creo que hay razones históricas, sociales y económicas, como la Ley de Teatro, por ejemplo. Pero lo cierto es que la cantidad de teatro que se hace en Buenos Aires es notable y está sostenida por un público que le da sentido. El teatro argentino está creando espectadores que, curiosamente, se dividen en tribus, algunas muy cerradas. Hay gente que va a ver cierto teatro, por ejemplo, teatro joven, y que no entra jamás a un teatro oficial. Existe el bando contrario, por supuesto. Y hay espectadores del teatro comercial serio, de este teatro norteamericano-europeo que suele versionarse.
Varios directores del circuito off pasaron a esas salas.
Y le aportaron a ese circuito nuevas ideas y maneras de mirar.

¿Es artesanal el trabajo del dramaturgo?

Yo lo reivindico como artesanal. Me encargo de manufacturar buena parte de los objetos que están en el escenario. Y lo disfruto. El hecho de que sea artesanal da poder para disponer sobre la totalidad de la estética de ese producto. También es artesanal en lo que hace al manejo de secretos que se pasan de mano en mano. Como suelen decir los carpinteros, "mi oficio no se enseña, se roba". Yo a algunos les he robado y de otros he conseguido generosas donaciones, como en el caso de Ricardo Monti, mi maestro. Pero la única manera de entender esos secretos del oficio es haciendo teatro, probando y mirando cómo lo hizo otro.

¿Cuál sería el principal instrumento de trabajo?

El teatro es letra y música, y no hablo del teatro musical. Un texto es un provocador de acciones y situaciones teatrales, pero además es un fenómeno musical. Tiene una organización musical, una armonía y una belleza que lo emparenta con lo musical. El teatro clásico resolvía esto con el verso y lo musical estaba expresado en la métrica. Que nosotros no usemos el teatro en verso no significa que la musicalidad haya desaparecido. Ella está presente en las formas rítmicas, en un armado, en la belleza de la palabra elegida, en su sonoridad. Pero ese gran atributo de la literatura dramática lo hemos incorporado de una manera distorsionada, como en todo país periférico que se alimenta de la cultura de otros por boca de los traductores. Traductores que no se hacen cargo de la musicalidad sino apenas del sentido estricto de la palabra. Para nosotros, que nos hemos alimentado de Chéjov y Shakespeare, nos resulta difícil entender el fenómeno de lo musical en el teatro; no es así para los españoles. La obra de teatro tiene una estructura musical. Cuando uno elige una palabra, no elige solamente la que mejor representa la idea del personaje, sino aquella que tiene capacidad de evocación y que tiene la condición de nota en una partitura.

¿Cómo afinar la actuación?

Actores, como músicos, los hay con oído y los hay obedientes de la partitura. Son casos diferentes. Yo he trabajado con actores que me modificaban la partitura de una manera maravillosa. El gran ejemplo fue Ulises Dumont, al que jamás logré someter a ninguna de las puntuaciones en las que yo creo de manera militante como organizadoras de la respiración del actor y también de su ritmo. Ulises las traicionaba a cada paso y creaba nuevas formas rítmicas a partir de mi palabra, con su propio oído. Ese tipo de actor es capaz de crear su propia melodía a partir de la partitura de otro. En otros casos, simplemente, como director he aprendido a pedir que disfruten de la puntuación como forma de organización de la idea del texto. En esa puntuación, el dramaturgo instala una hipótesis de tiempo; y cuando se entiende el código de esa puntuación se transforma la forma de entender el texto. Pero siempre se requiere que el actor entienda cómo darle verdad a la palabra.

¿Cómo se sostiene la repetición de la obra, diez, cien veces?

Es un misterio que sólo los actores pueden entender en su propio cuerpo. La mayoría de ellos ni siquiera puede explicarlo. Creo que pasa por el goce del acto mimético. Yo mismo, frente a la repetición de la obra, empiezo a pensar en fórmulas para renovarla. Para renovar el entusiasmo, intercalo observaciones, recupero cosas que se hicieron en viejos ensayos. Y hay veces que siento que los actores me miran como diciendo "no hace falta avivar el fuego, el fuego está presente". Hay que ver cómo se enciende el actor minutos antes de comenzar la función. En segundos, queda atrás un día de mucho trabajo o de mucho dormir y deja entrar al personaje, se convierte, acepta el desafío de lo mimético y lo vive en un estado de gracia. Las buenas obras hechas por buenos actores generan momentos sagrados.

Y desde la intensidad del escenario, ¿cómo se siente al público?

El público sigue siendo para los creadores de teatro el gran misterio. Es el misterio que no nos deja atarnos a una fórmula. Más allá de que hay ciertas manifestaciones que estimulan al actor -si el público ríe, el actor estará más cómico; si tose, estará más nervioso- hay algo en la manifestación de la sala que carga al escenario de una hipótesis. Siempre la interlocución con alguien es una hipótesis. El actor acaba de conocer al público y crea una hipótesis sobre esa relación, y eso le permite darle una forma a lo que hace.

¿Cómo se dispone el tiempo?

El teatro es una forma curiosa de condensación del tiempo. El teatro es tiempo condensado. Jarabe de tiempo. Las obras de teatro nunca duran lo que duraría la realidad de ese fenómeno, aun las que están escritas en tiempo real. El texto teatral se queda con lo necesario.
¿Cómo relata el teatro?

El espectador, cuando se sienta, ve algo, un relato que sucede frente a sus ojos, pero además hay alusiones. De manera que se ha visto una obra pero ha imaginado al menos diez veces más que lo visto. Hay un relato encubierto, en el cual el espectador, creyendo disfrutar de lo que está frente a sus ojos, se carga de aquello que no ve. El manejo solvente de la técnica teatral es aquel que logra la mejor ecuación entre lo que se ve y lo que se alude. Cuanto mayor sea el volumen de lo aludido sin apabullar al espectador en el marco de lo que debe ver, pues mejor es la obra en términos de esa dialéctica. Hay un conocimiento condensado en el cual en dos horas, en realidad, un espectador quizá vio cincuenta. Con esta virtud, al teatro entonces no le cuesta traer una época a la vista del espectador a través de pequeños rasgos que desarrolla a partir de un enorme sistema de alusión. También crea un sistema ritual muy curioso: en el teatro conviven presente, pasado y futuro. El teatro es un presente que continuamente está aludiendo al futuro en la expectativa que crea sobre la resolución del conflicto. Es un presente que alude a un futuro que está vivo en las expectativas, mientras cuenta un pasado. Simultáneamente, el espectador hace su tarea de incorporar conocimiento de los tres planos.

Fuente: Clarín

Los poetas cachorros

LOS TALENTOS, UNA HISTORIA DE INICIACION PARA LAS TABLAS

"Los talentos" se puede ver los sábados a las 23.15, y los domingos de mayo a las 17.30, en Elkafka Espacio Teatral. Lambaré 866. Reservas 4862-5439. Entrada $40.

Por Mercedes Halfon

Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob son amigos de verdad, desde la adolescencia. Hace tiempo, desde un taller de dramaturgia dirigido por Javier Daulte que compartieron, tenían ganas de contar la historia de Lucas, Ignacio y Pedro, amigos también, los extraños adolescentes de Los talentos, chicos algo altivos que componen sonetos y se visten como adultos, pero se desarman cuando aparece una bella mujercita que los arranca de su precocidad y los deja con isabelinos endebles y sin saber qué hacer con las manos.

Dos chicos de esa edad en que la barba es una pelusa gris esperan la llegada de un tercer amigo, en su casa. Por alguna razón este tercer amigo es dueño o inquilino de un bello departamento estilo francés donde estos adolescentes pasan el rato, como si el exterior fuera apenas un espejismo insignificante. Tienen puesta camisa y pantalón de vestir, y entre las bocanadas de humo de sus pipas, y los sorbitos que dan a un vino caro, practican un sofisticado entretenimiento: escribir, alternadamente, los versos de un soneto en una pizarra. Pero no se trata de un relajado pasatiempo artístico, sino de un reto que juegan muy concentrados, y cronometran con un extraño aparatejo manual. La escena –que se inicia con un clavicordio de fondo– recuerda vagamente a Los excéntricos Tenenbaum de Wes Anderson; aunque estos chicos hablan de un modo que sólo podría ser contemporáneo y local:

“–Pará: tercetos. Ahora sí hay que definir una rima nueva.

–Definí vos, te toca a vos.

–¿Isabelino?

–Isabelino son tres cuartetos y un dístico, no hay tercetos.

–Y bueno, hacemos un cuarteto más y después el dístico.

–Ya no se puede, los tres cuartetos tienen que ser serventesios con rima independiente. Pensá, Lucas.

–Bueno, boludo.

–Aparte isabelino en castellano es una mierda. Poné la más clásica, la de Quevedo.”

¿Quiénes son los chicos de Los talentos? Uno podría preguntarse, ¿es posible encontrar otros así en la realidad? Difícil, por eso la obra se vuelve interesante. La rareza de estos casi niños con exceso de intelectualidad atrae. Es que si bien en los últimos años se han sucedido centenares de obras (y películas, y poemas, y bandas de rock) con adolescentes, obras que de algún modo llevaban sus problemáticas a escena, la forma en que Los talentos lo hace es radicalmente distinta. Los intentos de otras obras con jóvenes haciendo de más jóvenes aún pasaban por copiar la estética teen para así lograr un lenguaje teatral desaliñado o naïf. Querían, por así decir, “robar” la tan requerida “onda” de los adolescentes. En Los talentos sucede lo contrario porque sus protagonistas carecen de toda onda, deliberadamente abominan de prácticas adolescentes como ir a bailar, tener una forma moderna de vestirse, escuchar rock, etc. Los adolescentes de Los talentos, sin ser unos freaks o unos nerds desembozados, nos meten de lleno en un nudo emocional mucho más tierno. La compleja, inhibida y estrafalaria edad en que las amistades son pura dependencia y dominación, cuando el nacimiento de una inclinación artística puede ser tortuoso en su absoluta incomprensión, y cuando tener grandes ideas es inviable en la práctica; porque todavía no se sabe cómo lidiar con todo eso, porque todavía los varones tienen esa pelusa gris, y porque en cualquier situación de sociabilidad sólo pensarán en cómo pararse y qué hacer con las manos.

Dos amigos

Para contar la historia de Lucas, Ignacio y Pedro, Los talentos inventa una estética propia con un lenguaje teatral erudito. Es una obra de texto, a pesar de las increíblemente livianas y verdaderas actuaciones de Julián Larquier, Julián Tello y Pablo Sigal. La dramaturgia a cargo de Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob construye esa intensa relación. Es un dúo que, aunque se conoce desde –justamente– la adolescencia, debuta en codirigir una pieza. Mendilaharzu fue el balsero de Historias extraordinarias, y es un asiduo coequiper de Mariano Llinás. Jakob un actor que ha transitado en muchísimas obras del off, y en cine, también en Historias extraordinarias. Juntos fueron hace diez años a un taller de dramaturgia con Javier Daulte, donde Mendilaharzu comenzó esta historia. El material luego fue abandonado. El cuenta: “El problema era que en ese entonces todavía me parecía demasiado a esos personajes, y me resultaba imposible volverlos material para una dramaturgia. Podía hacerlos hablar, estar ahí, ser graciosos, pero no someterlos a un plan, a una narración. Me acuerdo que Daulte me dijo que tenía que abandonar ese material y que en algún momento, cuando pudiera escribirlo, lo iba a retomar”. Así fue. Y tal vez porque la obra trata tanto acerca de la amistad, decidió retomarlo junto a Walter Jakob, amigo suyo de toda la vida, y testigo de la gestación de ese mundito de varones literatos.

Lucas, Ignacio y Pedro hacen sonetos y miles de planes más. Inesperadamente llega la hermana de este último –la hermosa Carolina Martín Ferro– y su delicado castillo de conocimientos comienza a temblar. Es que su cofradía sólo es posible a espaldas del afuera. Como un mundo hecho de vapor que apenas se abra la puerta de calle se disipará.

Los talentos es una obra de teatro de iniciación. Hay películas de iniciación y novelas de iniciación, pero historias teatrales, no tantas. Tal vez porque la condensación del tiempo que el teatro necesita –por lo menos el contemporáneo– impide ese descubrimiento o paso a la adultez que se lleva a cabo a partir de innumerables peripecias. Dice Walter Jakob: “Muchas veces con Agustín nos sentimos tentados de imaginar que al final de la obra, cuando Lucas enjuga sus lágrimas, va hacia su cuaderno y toma notas para completar su poema, nace al mundo de la poesía. Pero esta idea quizá sea un poco romántica, quizá sea como decir: ahora que tiene una herida, una primera gran decepción, está preparado para convertirse en un artista. También creemos que la imagen final es la que mejor explica cómo fue escrita esta obra: Lucas escribiendo e Ignacio haciendo brainstorming para estimularlo”. En Los talentos entonces, la peripecia no es tanto la de los reveses del amor, sino la de la química de la amistad. De ahí parecieran nacer todas las historias.

Fuente: Radar (Página 12)

Boy Olmi volvió a escena con la provocadora pieza "Sótano", junto a Alejandro Parker

Alejado de los escenarios desde hace un largo tiempo, Boy Olmi acaba de estrenar "Sótano", una provocadora pieza que fue éxito en España. "Extrañaba el teatro. Necesitaba volver a transitar esta forma de trabajo", aseguró.

Se trata de un espectáculo firmado por el catalán Joseph María Benet i Jornet y que fue suceso en Europa, en donde sorprendió por su agilidad y temática. Tras este éxito, llegó a Buenos Aires con dirección del español Xavier Alberti en el Teatro Margarita Xirgu.

"Hace muchos años que no hacía teatro y elegí esta obra porque me plantea un desafío a partir del complejo personaje que me ofrece. La obra es una caja de sorpresas", reflexionó el actor, en relación al porqué de su decisión de aceptar este proyecto.

Sobre su relación con su compañero, Alejandro Parker, el actor señaló: "En realidad conocí a Paker a partir de los mismos ensayos de 'Sótano'. Establecimos de inmediato una fuerte alianza, que nos hace sentirnos como dos trapecistas en medio de un salto. En el aire dependemos el uno del otro y confiamos mutuamente".

ENSAYO BREVE

El actor se refirió a la experiencia de trabajar con un director extranjero. "Lo diferente fue que, en este caso, el tiempo de ensayo fue muy breve con relación a otras experiencias. Pero, quizás por eso mismo, fue de una gran intensidad. Alberti montó la pieza en España y traía una propuesta muy clara a la que nos adaptamos durante el proceso que desarrollamos a través de los ensayos", consideró.

También hizo referencia a su ausencia, por algún tiempo, en las tablas teatrales. En este sentido, declaró: "Extrañaba el teatro. Necesitaba volver a transitar esta forma de trabajo. La construcción se hace de manera muy distinta y se trata de un camino muy preciso".

EN LA TELE

Sin embargo, su ausencia no fue plena ya que al actor se lo pudo ver, recientemente, en la exitosa tira "Ciega a citas", que emitió Canal 7 por su pantalla. Y, además, en este tiempo, debutó como director cinematográfico de "Sangre del Pacífico".

" 'Ciega a citas' fue un trabajo muy original y festivo. En el final, cada uno de los personajes se enfrentó a su verdadero destino. Y en cuanto a "Sangre del pacífico", se trata de mi primera película como director y con ella fui inmensamente feliz. Esta semana salió en DVD y mientras aterrizo de ese viaje por supuesto planeo cual será el próximo", concluyó el actor, muy feliz por su presente profesional.

Fuente: El Día

Ficción y elementos históricos se entrelazan en Lovely Revolution

Un espectáculo musical sobre el viaje de Mariano Moreno a Londres

Lovely Revolution se presenta en el porteño teatro La Comedia (R. Peña 1062), los domingos a las 20. En el año del Bicentenario, comienza la segunda temporada de este espectáculo dirigido por Enrique Dacal, escrita por Enrique Papatino y musicalizada por Pablo Dacal.

Esta vertiginosa tertulia de teatro musical propone una atractiva y dinámica puesta sobre el viaje de Mariano Moreno a Londres, que terminaría con su vida. Ficción y elementos históricos se entrelazan para adentrarse en la penumbra que envuelve el último viaje de uno de los artífices de la Revolución de Mayo. Una puesta dinámica de pequeños cuadros de cámara con música en vivo, que cuenta con las actuaciones de Jessica Shultz, Julio Ordano y los propios Enrique Dacal y Enrique Papatino.

“Los discursos y peripecias de los personajes de Lovely Revolution, están construidos tomando algo de lo que sabemos como fue y, también, con otro poco de lo que sospechamos como pudo haber sido”, contó Enrique Dacal, quien también es Director Ejecutivo del Centro Cultural San Martín. “La propuesta dramática es exhibir los imaginarios persistentes en este nuestro mundo actual, sobre aquellos acontecimientos alrededor del 1810 y sus consecuencias. No existe absolutamente ningún respeto por la rigurosidad histórica, ni por la reconstrucción de la época, pero sí se utiliza una mirada crítica y revisionista para con aquella Revolución de Mayo constitutiva de esta tierra como nación. Ficción y subjetividad para anclar en el misterio de aquellos 39 días del viaje de Moreno”, agregó el director.

Fuente: DiagonalesJustificar a ambos lados

El Teatro Colón reabre después de tres años

EL TEATRO FUE REMODELADO A UN COSTO APROXIMADO DE 100 MILLONES DE DOLARES

La obra de restauración, iniciada durante gestiones anteriores, fue paralizada durante la actual y se terminó en un final acelerado. Trabajaron los profesionales más respetados en la materia y su acústica permanecería intacta.

Por Diego Fischerman
Imagen: Jorge Larrosa

Opinión

La propaganda del gobierno de la Ciudad invita a ver hoy la reapertura del Teatro Colón. Desde afuera, claro. Y, casi como un chiste de mal gusto, aclara que el espectáculo (que se realizará adentro) no se suspenderá por lluvia. Al fin y al cabo, si hace doscientos años hubo un pueblo que quería saber de qué se trataba (adentro) bajo los chubascos otoñales (afuera), por qué habría de ser distinto en la conmemoración de aquella empresa. Es obvio: jamás podrían caber en un teatro todos los habitantes de una ciudad. Pero la torpeza comunicacional guarda una precisa relación con los gestos que hasta ahora han emanado de las autoridades con respecto al teatro comunal de ópera. Señales, sin duda, hacia adentro.

El Teatro Colón se abrirá, es un hecho. Estará limpio como nunca, restaurado en miles de detalles y el solo hecho de que todas sus lamparitas funcionen será una novedad de fuste frente al progresivo deterioro edilicio y a la falta de manutención adecuada de los últimos treinta años. Y todo indica, hasta ahora, que su famosa acústica estará intacta. Es decir que, más allá de las miles de percepciones subjetivas que pueda haber de ahora en más, se tomaron todos los recaudos, se eligió a los profesionales más respetados en la materia, se realizaron las mediciones correspondientes y, sobre todo, a diferencia de lo que sucedió con todos los otros temas atinentes a la reparación, en ese campo no hubo incesantes cambios de planes. Pero lo que se intenta presentar como una nueva Gesta de Mayo no es más que el final de obra de una restauración que había sido interrumpida precisamente por quienes ahora acercan triunfales su tijera a la cinta inaugural, y muchos de cuyos aspectos estructurales más importantes (sistema de apagado de incendios, cimientos, bombas, impermeabilizaciones) ya habían sido concluidos antes de su arribo a la gestión pública.

Cuando Mauricio Macri asumió como jefe de Gobierno de la Ciudad sólo restaban las obras de escenario y platea, y las mismas hubieran sido más fáciles, rápidas y baratas de no haber sido detenidas durante más de un año. La restauración del Colón salió, aproximadamente, 100 millones de dólares. El gasto fue realizado por una ciudad colapsada en varias materias, entre ellas la cultural, como muestra la falta de financiación del Teatro San Martín puesta en escena por la burlesca fiesta de cumpleaños de la que fue partícipe en su afán por conseguir fondos. Lo que podrá indicar si el gasto fue justificado o no serán las respuestas a algunas preguntas pendientes. Dos de ellas se refieren, en concreto, a las obras realizadas. ¿Se hizo todo lo que se tenía que hacer? Y, principalmente, ¿todo lo que se hizo se tenía que hacer? El Colón, 100 millones de dólares más caro que antes, ¿tendrá menos o más dificultades para producir? No debería olvidarse, en ese sentido, que el origen de estas reformas edilicias tuvo que ver con la comprobación de que su escenario y sus condiciones de producción eran obsoletas. ¿Lo son menos ahora? Si el único objeto de esta última parte de los arreglos fue tan sólo decorativo, el monto fue sin duda exagerado para las posibilidades de una ciudad como Buenos Aires. Y si en algo las condiciones de producción se hubieran empeorado, resultaría directamente inadmisible.

Pero allí es donde entra a tallar la cuestión más importante, en tanto atañe al destino final del teatro. Su actual director, Pedro Pablo García Caffi, asumió hace apenas quince meses y, con profesionalismo, consiguió armar una temporada con algunos puntos muy altos, como los del Abono Bicentenario que incluye a artistas de la talla de Barenboim, Yo-Yo Ma o el extraordinario pianista Andras Schiff. Su margen de acción era bastante escaso y aperturas de temporada que implicaran encargos especiales o coproducciones deberían haber sido decididos mucho antes de que él arribara a la función, cuando su antecesor desvariaba acerca de la “música linda” y la “música fea”. Pero el inicio con La Bohème, de Puccini, y la gala inaugural incluyendo uno de sus actos y uno del ballet El lago de los cisnes, de Tchaikovsky, están lejos de ser simples concesiones a la posibilidad. Son mensajes. Y lo son hacia adentro. Hacia el público cautivo. Hacia muchos de los abonados que se sienten dueños del teatro y para quienes ese “como decíamos ayer” suena a bálsamo. El Colón será lo que fue, y quienes dicen pagarlo sienten el derecho a imponer que así sea. Como todo razonamiento falso, basa una construcción impecable en un soporte equivocado. Y es que el recupero por ventas de entradas (que además no son sólo los abonos) de un teatro como el Colón difícilmente exceda el 15 por ciento de sus gastos totales (el Covent Garden, uno de los de mayor recupero, ronda el 20). Lo que significa, lisa y llanamente, que el 85 por ciento de sus gastos es sostenido por el total de los contribuyentes, de los que los abonados representan aproximadamente un 1 por ciento. Para poner las cifras en un plano más comprensible, si sólo se pensara un Colón para ese público, 99 personas estarían pagando los gustos de una sola. También en ese caso los 100 millones de dólares resultarían una dilapidación. Para que eso no suceda, deberán mediar políticas que difundan y extiendan lo que el teatro hace, y diseñarse acciones destinadas a un público interesado en la cultura que, por ejemplo, concurre al Bafici o al Festival de Teatro o al Festival de Jazz. Un público al que el Colón había comenzado a hablarle durante la gestión de Sergio Renán, con la creación del CETC, con aquella Metrópolis de Lang con música en vivo de Martín Matalón o con el encargo y estreno de La ciudad ausente, de Gandini y Piglia, y al que, actualmente, no interpela en absoluto.

Fuente: Página 12

Malena Pichot hace stand up

Foto: JUAN MANUEL FOGLIA

Se hizo conocida como "La loca de mierda" y llego a MTV. No quiere ser ni panelista ni notera de tele. Y sí quiere ser judía.

Por: Hernán Firpo

La mirás sin saber muy bien qué estás haciendo porque, bueno, ella fue la gran cosa del 2009 y ya salió en mil revistas (por su Loca de mierda), ya hizo estallar la web, ya debutó como standapera estrella, ya despuntó su vicio con el jazz y paramos porque esto no es una canción de El Cuarteto de Nos. Ahora, modosita, irreconocible, nos cuenta que su personaje furor entró en receso y que se acabaron sus participaciones para MTV. ¿Llegamos en el peor momento de su carrera y quizás de su vida? Encima la ves flaca y no acepta ninguna de las facturas fálicas que le llevamos. ¿Un cañoncito? "No, gracias". ¿Un vigilante? "Paso, paso". ¿Es anorexia? "No, cero anorexia".

Estás en su casa y pensás que Malena Pichot -de ella hablamos- puede ser uno de esos casos de los que hablaba Warhol cuando decía que en el futuro todos tendríamos derecho a 15 minutos de fama. Mientras ella va y viene con café para dos, imaginás o decís que el designio de Warhol no era oportinudad, sino clemencia: la fama es cualquier cosa. Nada, esa clase de devaneo que sirve para ganar líneas. Y si nos equivocamos, nada, se soluciona rápido: el periodismo tiene a mano un par de recursos horribles como eso de que fulano resurgio como el ave fénix , así que cualquier cosa pondremos eso y listo.

¿De que podemos hablar, Malena?

La verdad, me sorprendió un poco la nota. Te cuento: con MTV tenía un contrato de cuatro meses y tantos videos y pasó lo que no imaginé que fuera a pasar: no quise hacer más La loca de mierda. Aparte me ofrecieron algunos proyectos que no me interesaron para nada.

Si te hubieran ofrecido ser panelista, estarías en la tele.

Esa es una constante. Panelista y notera. Yo me niego y los productores se enojan. No entienden que una no necesita estar en la tele. ¿Te pensás que sos demasido buena para ser panelista? Se ofenden, mala onda. El otro día le pedí a la gente de un canal que me promocionara mi show de stand up y me sacaron cagando por haberme negado a estar en un programa.

Vos tenés que aceptar por la plata...

Bueno, pero yo no tengo hambre y voy a seguir negándome a ser panelista. No quiero ser Amalia Granata ni Maju Lozano. Yo vivo del stand up, te lo juro. Además tengo una familia que tiene rentas.

¿Se puede hacer stand up sin ser judío?

¡Yo quiero ser judía! Soy una judía wanna be. Toda la gente que me cae bien termina siendo judía: Woody Allen, Seinfeld.

¿Decís que podrías integrar un grupo con Peto Menahem, Gabriel Schultz, Wainraich, Dan Breitman...?

Ahora voy a hacer un show para presentar a mis cómicos favoritos y ellos son todos judíos.

¿Y llegado el caso de que te discriminen por goy sabrías cómo defenderte?

Ay, me pondría a llorar. Les diría que no se olviden que a mí me gustaría ser judía.

Es comprensible, en tu stand up te debe faltar el 50 % de la temática: la idishe mame, la culpa...

Lo importante del stand up es formar parte de una minoría. Si sos caucásico, clase media, metro setenta, no tiene gracia. Ahora, no sé si sabés, hay un show de stand up de putos que está buenísimo, ¿lo viste?

¿Pero la gracia no eran las minorías?

El stand up es para marginales.

¿No hay un espectáculo para el gueto heterosexual?

Esto es material. Hola, soy parte de la minoría hétero.

Gabriela Acher me dijo que el único pueblo que sabe reírse de sí mismo es el judío.

Con Campa, mi compañero, nos gusta lo políticamente incorrecto. Tengo un material sobre el Día de la Mujer donde todas somos progres y se respira una sensación de dale, vamos a todas a abortar...¡Pero yo no estoy embarazada! ¡Vamos igual!

¿Vos podrías hacer chistes sobre el gueto de Varsovia sin que vengan a molestar los del INADI?

Lo que pasa es que los judíos que hacen chistes sobre judíos ya aburren. Yo, en el video 12 de La loca de mierda, el video boom, puteo muchísimo a mi ex. Le digo "judío rata de gueto" y me pongo un pañuelo de Palestina en la cabeza. No tuve ningún probelma. Hay gente más inteligente de lo que podemos imaginar.

Por ahí dijiste que hacer stand up es una grasada. ¿Es así?

Sí, son pocos los que me gustan. ¿Viste la estética de los afiches? Todos con esas caras de nabos. ¿Y las temáticas obvias? Cuando me hacían notas por La loca de mierda yo decía que quería hacer stand up y alguna gente del ambiente me tomó bronca, porque les parecía una arribista. Bueno, okey, dije, si pienso hacer stand up me conviene ver la movida local, y fui a ver desde lo más under hasta lo más mainstream. Cuando vi Cómico Stand Up dije, buá, claramente puedo hacer stand up: esto es cualquier cosa y es cualquier cosa, porque está llenos de clishés.

A ver, pasales la receta.

No sé, pero en 2010 una mujer no puede llegar a su casa y putear porque el marido ve fútbol. Tampoco va más lo de la minita a la que ningún chabón se quiere coger. O la de salir al escenario y decir Soy tan ansioso, soy tan neurótico.

Creo que tengo "material". En mi lugar de laburo hay mujeres feas que además son agretas.

Y yo conozco gordas que no son gauchitas.

¿Una basura?

Pero es difícil no caer en el lugar común... Los temas están, sólo habría que encontrarles la vuelta.

¿Un cañoncito?

No, en serio, gracias.

Sigamos hablando mal de los standaperos.

¿El grabador está apagado?«

Información

"Ellos", Malena Pichot (la ex Loca de Mierda) y Ezequiel Campa se unen para buscar renovar el género del stand up con una combinación explosiva. Los sábados a la medianoche en el Velma Café (Gorriti 5520).

Fuente: Clarín

Carlos Perciavalle dirige y coprotagoniza esta obra de Diana Raznovich, que no perdió vigencia.

EN POSE PERCIAVALLE, JULIÁN LA BRUNA Y GUILLERMO GILL: SOLOS SOBRE EL ESCENARIO.

CRITICA: "JARDIN DE OTOÑO"

Solteronas, y con mucho apuro...

Por: Rafael Granado.Especial para Clarín

Clima de café-concert, con el público ubicado en mesas redondas en vez de butacas. El tono perfecto para Carlos Perciavalle, uno de los cultores iniciales de ese entrañable género teatral que cautivó a la gente a partir de finales de la década del '60. Claro que ahora, sobre el escenario, va a meterse en el personaje de una obra que cuenta una historia, y no hará monólogos o sketches.

Se trata de Jardín de otoño, de la autora argentina Diana Raznovich, que en un principio fue Marcelo, el mecánico (1978), con un elenco que integraron entonces Rosa Rosen, Irma Córdoba y Claudio Levrino. Con algunos arreglos y la modificación del título volvió a la escena porteña en 1983, y desde entonces siguió su ruta a través de diferentes puestas.

La historia describe a dos mujeres mayores y solteronas, Rosalía y Griselda, que conviven desde hace veinte años, y cuyas horas grises se abren un poco cuando ven su telenovela preferida, que retrata las peripecias de Marcelo, un muchacho pintón, que trabaja en un taller mecánico.

Ambas protagonistas se pelean, se reconcilian, y solamente sienten que las invade un aire fresco al ver a su héroe, del que se han enamorado. Un día deciden secuestrarlo, y cuando lo tienen en su casa, le exigen que represente para ellas su prototipo de la tele. Además, lo acosan sin darle tregua, empujadas por su obsesiva pasión.

Sin haber perdido nada de vigencia, la línea argumental de Jardín de otoño recorre el camino de las frustraciones, del desencanto, de fugaces esperanzas. Asimismo, los escurridizos límites de ficción y realidad, y la influencia de una TV que puede perturbar ¿y tomar de rehenes? a los espectadores, se alzan como significativos aspectos narrativos.

Y si bien este panorama resulta de por sí interesante, la pieza amplía sus reflexiones (no exentas de humor) al aparecer el galán y desmontar el conflicto entre la fama soñada y la posibilidad de que la popularidad alcanzada se convierta en una carga. A la vez, el costado frágil del actor asoma en sus instantes de miedo, en su llanto cuando intenta desprenderse de sus fanáticas secuestradoras.

El montaje escénico, responsabilidad del mismo Perciavalle, se ajusta a las atmósferas requeridas, con ritmo dinámico. En su labor interpretativa, en cambio, como Rosalía desborda con frecuencia, cayendo en el grito: es conveniente que baje los decibeles. En contraposición, sus gestos de angustia y las sonrisas que lo reaniman, que transmite sin palabras, son elocuentes, valiosos.

Guillermo Gill anima a Griselda con recursos expresivos medidos, en una composición pareja. Por su lado, Julián La Bruna le otorga al ídolo atrapado los matices exactos de supuesto coraje e insoslayables temores.

Próximo el desenlace, una frase de Rosalía resume con fidelidad el espíritu de esta obra, después de besar al ídolo: "Ahora tengo recuerdos". Por un segundo, su soledad se ha diluido, es libre.«

La ficha

Jardín de otoño

com Autor Diana Raznovich Direccion Carlos Perciavalle Elenco Carlos Perciavalle, Guillermo Gill, Julián La Bruna sala Teatro Moliére (Balcarce 678)

Buena

Fuente: Clarín

Teatro para Chicos: Recomendados

PLAYA BONITA EXCELENTE CREACIÓN DE HUGO MIDÓN, CON GRANDES INTÉRPRETES

El Ratón Pérez

sáb y domingo 16 Teatro Astral, Corrientes 1639, $60 y $80

Un musical de Pepito Cibrián y Angel Mahler. La historia del ratón más famoso del mundo contada con canciones y baile.

Mi bello dragón

sáb y domingo 16 Teatro Miapo, Esmeralda 443

Una preciosa obra escrita por Enrique Pinti y estrenada en 1968 con un hada madrina inútil y una princesa caprichosa.

Teatro chupete

sáb y domingo15,30 Auditorium San Isidro, Avda. del Libertador 16.138, 4747-9585, $40

Creado por Pipo Pescador, es un espectáculo para los más chiquitos (de 1 a 5 años). Hay muñecos, marionetas y un enorme tren que recorre el escenario.

Andantes rodantes

dom 16 Centro Cultural Julián Centeya, Av. San Juan 3255

Por la Compañía Sobran con Natalia Gorini y Nicolás Villamil. Dos artistas ambulantes que recorren con sus carros extensos caminos en busca de público.

Circo Fokus Bokus

sáb y domingo 16,30 C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543 5077-8000 $25

El espectáculo, con el que Grupo Kukla continúa celebrando sus 20 años de historia. En él se suceden los números de dos bailarinas contorsionistas, un malabarista chino y mucho más.

María Elena

sáb y domingo 16 Teatro Apolo, Corrientes 1372, 5236-3000, $50

Se trata de un homenaje de Héctor Presa a la gran escritora y compositora María Elena Walsh.

Chapuzón, tangos para chicos

domingo 17 C.C. Borges, Viamonte y San Martín, 5555-5359, $25

Después de una larga trayectoria cantando tango para chicos, Graciela Pesce llega al teatro.

Cine para chicos

este sábado 16 Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131 ,3526-0382

La Linterna Mágica Argentina presenta en su club de cine para chicos de 6 a 12 años, la película "Los Borrowers", de Peter Hewitt.

El ruiseñor

sáb y domingo 18 La Nube, Jorge Newbery 3537, 4552-4080

Versión para teatro de títeres de Eva Halac. Narra la historia de un pajarito cantor y el Emperador de la China.

La novela del Huemul

este domingo 17 C. Cultural resurgimiento, Artigas 2262, La Paternal, gratis

Una historia que combina diversión y misterio.

Playa Bonita

sáb y domingo 15 y 17 La Comedia, Rodríguez Peña 1062, 4815-5665, $60

La premiada producción de Hugo Midón. La playa como un lugar encantador donde sucede todo.

Fuente: Clarín

Teatro Colón: faltaría menos del 10 por ciento de la refacción total

En marzo pasado reciclaron parte de los pisos Foto:LA NACION / Maxie Amena

Plan de obras en el teatro: Para rejuvenecer al gigante

"La semana próxima comenzamos a retirarnos", decía a LA NACION, días atrás, la arquitecta Sonia Terreno, una de las principales coordinadoras de la remodelación del Teatro Colón.

Según la arquitecta, el Colón ya está en condiciones funcionales para ofrecer producciones de ópera sin inconvenientes. Queda pendiente el nuevo telón (en realidad, faltan los zócalos diseñados por el artista plástico Guillermo Kuitka) que será estrenado con el último título del año de la temporada lírica. Pero no irá en reemplazo del otro. Serán alternados. El nuevo, para la programación habitual; y el histórico (se podría llamar así, aunque no sea el original de 1908) para algunas ocasiones especiales.

En la sala principal, todo se verá como antes, pero reluciente porque se renovaron totalmente los pisos, las sillas, las butacas y los cortinados. Detrás de escena también hubo muchos cambios, todas las instalaciones de servicios, por ejemplo, y el equipamiento técnico.

Según Terreno, la obra general, que requirió la intervención de todo el edificio (unos 58.000 metros cuadrados) está realizada en más de un 90 por ciento. Se espera que esta semana quede liberado el espacio del Centro de Experimentación (CETC), que durante mucho tiempo se utilizó de depósito, para que lo reestrene Horacio Lavandera, con su concierto del viernes, a las 20.30 (actuación que repetirá el domingo, a las 17).

Tareas pendientes

Pero todavía quedan refacciones pendientes, que tienen que ver con la actividad cotidiana del Teatro, en tres subsuelos que dan a la esquina de Libertad y Viamonte. Los talleres de escenografía y maquinarias podrían estar listos dentro de un mes. Y quizás en 2011 se culminen las obras en los espacios para la sala de ensayo de la Orquesta Filarmónica, el Centro de Documentación y el Instituto Superior de Arte.

El proyecto de reacondicionamiento comenzó en 2001, con lo que se denominó Master Plan. Al año siguiente, comenzaron las obras internas y la noche del 1° de noviembre de 2006 la sala principal fue cerrada al público porque era el momento de comenzar los trabajos allí.

Con el cambio de gobierno, el proyecto cambió de nombre (Plan de Obras Teatro Colón); se amplió el espacio por reciclar y el presupuesto (unos 300 millones de pesos). Eso hizo que la obra restante desde fines de 2006 que tomaría un año y medio, llevara tres años y medio, hasta este inauguración.

Mauro Apicella
Fuente: La Nación

Manuel Ledvabni: "Sumo la energía creadora del actor"

MAESTRO. Dicta seminarios de actuación a partir de textos de Chejov y de Brecht Foto: SEBASTIÁN SZYD

Director inquieto, es un estudioso de los métodos de actuación. Con una obra de Chejov y otra de Shakespeare en cartel, explica cómo traer los clásicos al presente

Por Natalia Blanc
De la Redacción de LA NACION

Para Manuel Iedvabni, la función del director teatral es comparable con la de un técnico de fútbol: estimular la potencialidad de cada integrante del equipo. "En el trabajo con los actores, no me atribuyo más importancia que la de ser el iniciador, el que pone la pelota en la cancha", dice durante la entrevista con adncultura en su departamento cercano a Parque Centenario.

En la actualidad, Iedvabni tiene dos obras en cartel: una puesta de Hamlet , de William Shakespeare, que adaptó junto con la actriz Malena Solda, y una versión de Tres hermanas , de Anton Chejov, que preparó con el joven dramaturgo Marcelo Pitrola, en la que dirige a un grupo de alumnos de su seminario de actuación. En septiembre reestrena Un informe sobre la banalidad del amor , de Mario Diament. Además, este mes comenzó a dictar una nueva edición del curso que lleva como título "De Chejov a Brecht. Del impresionismo al expresionismo", donde trabaja con textos de esos autores y con el método de Stanislavski.

"Me interesa desarrollar la técnica actoral. Hace tiempo que empecé a invertir los términos desde el lugar de la dirección. Ya no me importa qué Hamlet tengo en la cabeza sino qué Hamlet está dispuesto a hacer el actor que asume el rol. Si bien como director no puedo dejar de imaginar o de proyectar cada personaje, sí puedo sumar la energía creadora del actor -explica el fundador de grupos independientes como Teatro del Centro, Teatro Contemporáneo y Galpón del Sur-. A veces, pienso en el primero de los actores: hago de cuenta que estoy en una caverna, que ni siquiera hay un texto previo, y que veo a alguien que se muestra sin pudores. Ese instante, que es absolutamente fugaz, es el que me interesa estimular en cada clase y cada función."

Para lograrlo, parte de la complicidad del actor. "En las improvisaciones siempre utilizo el juego como punto de partida y tomo nota de lo que se desprende de esos vínculos. Yo no quiero prever, quiero que las cosas simplemente ocurran y que el proceso nos resulte placentero." Ésta es, asegura Iedvabni, su metodología de trabajo. "Uno siempre tiene procedimientos propios, que se han modificado con los años. Más en una vida prolongada como la mía, en la que he asistido a grandes emprendimientos humanos y grandes catástrofes. Todo eso provoca cambios. Me acuerdo de que Brecht se lamentaba cuando le decían: ´Usted no ha cambiado nada´."

Otro punto de inicio es la dramaturgia. "Tengo un gran respeto por el dramaturgo. Hay una teoría que sostiene que todo director es también un autor, pero no la comparto. De Esquilo, Sófocles, Eurípides nos quedaron los textos; de los directores, sólo monumentos."

-¿Qué le interesa en particular de los autores que analiza en su seminario?

-La técnica de la actuación, más allá de algunos estudios, no tiene una sistematización rigurosa. Para compendiar una zona de trabajo con el actor, hay que mencionar a Stanislavski y a Brecht. No es que hayan sido los únicos creadores de una metodología de actuación, pero son los picos, para mí, más altos. Stanislavski pudo desarrollar la técnica en relación con un nuevo tipo de realismo y llevar con éxito a escena las obras de Chejov que habían fracasado. Esa metodología todavía sigue vigente: hoy no hacemos más que variantes de la técnica de Stanislavski, que recurre a la memoria emotiva del actor, a lo más elemental y básico de la condición humana para representarla en el escenario.

-¿Cómo articula en sus clases el teatro de Chejov y de Brecht?

-Antes de responder, quisiera mencionar un acontecimiento histórico: la Primera Guerra Mundial, que fue una masacre lenta, de trinchera a trinchera. En una de esas trincheras estaba el joven Brecht, que era estudiante de medicina. Fue al frente como médico militar y luego se transformó en el dramaturgo que conocemos. Ese escupitajo a la humanidad que fue la guerra dio lugar al expresionismo, una pintura violenta, un retrato salvaje de la ferocidad humana. Cuando hablo de Brecht, hablo de la indignación frente a una sociedad que se le plantea como brutal, injusta, despiadada. Eso lo estimuló a escribir y a crear una estética con un capítulo llamado "Lo que debemos aprender de Stanislavski". Ésa es la asociación que hago en mis clases.

Iedvabni, que se define como "director más que docente", utiliza la enseñanza para experimentar. "Lo mejor que puedo sugerirle a cada actor que viene a estudiar conmigo es que bucee en sí mismo, que abra sus propias alas: al tener esa posibilidad de estimular, ya me doy por hecho. Si luego la consecuencia es una obra como Tres hermanas (más acá) , que acabamos de estrenar, mejor todavía."

Formado en los años cincuenta, el director cuenta que trabajar con gente joven le permite aprender cosas nuevas. "Me entero, por ejemplo, de cómo va el mundo, cómo lo ven los jóvenes. Ayer llevé un casete con la voz de Brecht que cantaba temas de La ópera de los tres centavos . Los alumnos me dijeron que eso se conseguía en Internet. Me hizo gracia porque yo llevaba una vieja cinta, que para mí es una reliquia."

Su versión de Tres hermanas transcurre en una ciudad del norte argentino. "Lo cambiamos porque pensamos en la espontaneidad del actor de hoy: en las palpitaciones del actor argentino frente a un público local. No entiendo a los que dicen que hacen teatro ruso o inglés. Yo utilizo textos originales y a partir de ellos planteo cómo los vivimos hoy. A veces, cuando fracasa un espectáculo, me digo: ´Traté de publicar el diario de ayer, que no lo compra nadie´. El teatro es el presente. Claro que no se pueden obviar las circunstancias en las que fue escrita una obra, pero uno no puede revivirlas. Antes que repetir fórmulas viejas, más vale inventar nuevas y encarar el texto con la frescura con la que fue escrito."

Con esa premisa, Iedvabni trabajó la adaptación de Hamlet que se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación. "Tratamos de darle un latido actual: el joven que no puede soportar a los que gobiernan, que quiere enmendar el mundo y fracasa en el intento."

-¿Qué le ha dado el teatro para que usted le haya sido tan fiel?

-En realidad, yo soy un futbolista frustrado. Por suerte, lo advertí rápidamente y elegí el teatro de joven. ¿Qué me da? Me permite jugar hasta el día que me muera.

Fuente: La Nación

La gran magia: Realidad y fantasía

LOS INTERPRETES LAPLACE, BALLESTEROS, GARZÓN Y KARINA K. LA OBRA FORMA PARTE DEL TEATRO POPULAR ITALIANO. SU AUTOR, DE FILIPPO, ESTÁ CONSIDERADO UNO DE LOS GRANDES.

Con Víctor Laplace y Gustavo Garzón: La obra del italiano Eduardo de Filippo cuenta sobre un mago que llega a un pueblo y cuestiona algunas ideas, con verdad, mentira e ilusionismo. Karina K y Sandra Ballesteros están en el elenco.

Por: Eduardo Slusarczuk

La obra empieza en una playa cualquiera. Que puede ser de la Argentina, Checoeslovaquia o, como acá, de Nápoles. Allí hay un montón de gente que transcurre su vida sin saber muy bien por qué. Hacen, aparentemente, nada. Y aparece un tipo, un ilusionista, un mago, que viene a cuestionar algunas ideas, del tiempo, de la realidad, de los valores."

En un camarín, Víctor Laplace sintetiza a trazo grueso el eje en torno al que gira La gran magia, que el napolitano Eduardo de Filippo, autor de Filomena Marturano, escribió en 1948, y que tuvo su estreno porteño el miércoles.

Laplace avanza un poco más, y cuenta que en medio de esa chatura, Otto Marvuglia, el mago que personifica en escena se cruza con Colagero Di Spetta, el personaje al que le da vida Gustavo Garzón. "El único que, a pesar de aceptar ser parte del juego de ilusión que propone Otto, y que habiendo llevado una vida chata hasta entonces, se plantea la posibilidad de pensar que puede haber algo más y parece negarse a ser parte de esa comedietta", dice el actor.

Para ambos protagonistas, De Filippo estructura su texto tomando herramientas de diferentes géneros. Un recurso que le suma atractivos a la propuesta original del autor. La comedia llevada hasta el grotesco, el drama, "un toquecito de fantasía", la tragedia. Todo forma parte de la propuesta.

"Es como esas ensaladas en las que mezclás todo, y quedan ricas", sugiere Garzón. "Que, además, no tiene una lógica. Porque los personajes entran y salen intempestivamente, como si el autor los pusiera para completar algunas ideas que le quedaron truncas de la escena anterior", agrega Laplace, quien admite que cada consideración está impregnada por las sensaciones a flor de piel que implica estar a pocas horas de un estreno.

Sin embargo, eso no perturba el desarrollo de la trama.

Garzón: Es obvio que a De Filippo no le interesa justificar nada. No quiere disimular la mentira del teatro, algo que quienes pretenden hacerlo suelen hacer agua. Este autor, en lugar de disimularla, te la pone ahí, bien a la vista. Usa todos los recursos habidos y por haber del teatro.

Laplace: Es interesante, porque es como que él pone todos esos personajes ahí y los hace vivir algunas cosas, a partir de las cuales dice: 'Acá hay una idea, un cuestionamiento de la realidad, de la existencia'. Y me parece que lo aborda con mucha profundidad.

Garzón: Juega todo el tiempo con la realidad y la mentira, a punto de generar cierta confusión.

Laplace: Esa idea de cuestionar todo es lo que me gusta del autor, quien, a pesar de que la obra y sus personajes adquieren un aspecto sombrío, trabaja desde una raíz popular. Es un teatro popular, escrito por un autor tardíamente reivindicado. Pero calificado por el director Giorgio Stehler como el más grande autor italiano, detrás de Luigi Pirandello.

¿Hasta qué punto esa mezcla que propone el autor dificulta la composición de sus personajes?

Laplace: Más que dificultar, obliga a un largo proceso de ensayos, que lo tuvimos.Yo tuve algunas dudas éticas con mi personaje, aunque por suerte tengo un buen analista, que me dijo que es una obra extraordinaria. A partir de ahí, pude verla con otros ojos. Y lo que me parece es que hay que atravesar diferentes capas del texto para llegar a ciertas conclusiones en el entendimiento de los personajes. Fue un laburo que a uno lo conecta con una forma de pensarse la vida muy interesante.

Garzón: El director tenía muy claro hacia adonde llevarnos. Es un tipo creativo y muy práctico, con un enorme conocimiento de la obra. Además, la trama es atrapante. Cuando la empecé a leer, me daban ganas de ver cómo seguía, algo que no siempre sucede, porque a veces los autores se van por las ramas, y lo poético queda por encima de la trama, y en este caso, en cambio, está contenido en ella.

Laplace: Hay que tener en cuenta que son obras que por el despliegue de producción, por la cantidad de actores y el tiempo de preparación que requieren sólo se pueden hacer en teatros oficiales. de otra manera sería muy difícil.

¿Que sensación les produce la reciente renuncia de Kive Staiff?

Garzón: Me da pena, porque sucede cuando por primera vez me toca trabajar con él.

Laplace: Kive es un hombre que se puso sobre los hombros un teatro como éste y que cuidaba una idea de la cultura que no es moneda corriente. Me parece que ha cumplido un ciclo enorme, que podría haber seguido. Pero también sé que ha habido muchas irregularidades, muchos problemas. En nuestro caso, hubo algunos con el vestuario, con la escenografía, que hicieron que estrenáramos con algunas demoras.

Garzón: Da un poco de pena, porque han puesto toda la plata en el Colón, que es un reducto de élite, mientras da pena ver que el edificio del San Martín, que es un teatro más popular, está tan abandonado. Como si lo estuvieran dejando caer.

Laplace: Siempre ha sido muy significativo que te llamaran a trabajar a algún teatro del Complejo. Por aquí han pasado todas las glorias del teatro. Ahora hay que ver como sigue, y darle la mejor despedida a Kive, haciendo bien esta obra.

Fuente: Clarín

Ceremonia tradicional del Cirque du Soleil en la ciudad de Buenos Aires

La gran carpa naciente Foto: Grupo 44

Se levantó la gran tienda del gran circo: Está situada en un enorme predio de Vicente López

La estructura pesa 70 toneladas y llegó desde Porto Alegre en 65 camiones. Dicen que se arma en siete días y se desarma en dos y medio. Y al igual que cada uno de los shows de la compañía, el Cirque du Soleil hace del levantamiento de la "gran tienda" un show en sí mismo.

"El levantamiento de la gran tienda consiste en un posicionamiento de 140 vigas laterales y 450 estacas, que dan soporte a la inmensa estructura que abriga el espectáculo, en apenas 5 minutos", anuncia la invitación para los medios, que anteayer se concentraron en el Complejo al Río (Laprida y Bartolomé Cruz, Vicente López), para presenciar el curioso montaje. "Nuestra rutina está minuciosamente estructurada desde el primer día hasta el último. Los artistas comenzaron a viajar el domingo pasado desde Porto Alegre y ahora están divirtiéndose en la ciudad. El área técnica viajó el miércoles, último día de desmontaje en Brasil, y comenzó a trabajar aquí el jueves", relata Cynthia Clemente, gerenta de producción, que gira junto al circo desde hace 5 años y medio.

Un ejército de 200 operarios, de los cuales 37 son técnicos del circo y el resto contratados locales levantaron, en menos de cinco minutos, la tienda principal con una capacidad para 2500 espectadores, un diámetro de 50 metros y 25 metros de altura. "Como mínimo, este trabajo lo hacemos 10 veces en el año, pero 2009 fue un poco estresante, porque los hicimos 10 veces en apenas 6 meses", cuenta Eduardo Salvo, el brasileño encargado de montar las tiendas de Quidam desde hace 7 años.

Después de acondicionar el lugar, lo primero que se levanta es la cúpula, emplazada sobre 4 mástiles centrales de 5 toneladas cada uno. Sobre ella se monta la tienda, una lona especial, ignífuga, resistente tanto a la nieve como al calor extremo, que es amarrada en sus siete pedazos artesanalmente, punto por punto. "La nivelación de la tienda es un proceso largo y bastante complejo, para que luego los artistas puedan montar su equipo liberado, sino ninguna pieza encaja", advierte Salvo.

Luego, otro equipo se encargará del cerramiento y de montar los teleféricos, con cables para el show aéreo, al que seguirán los equipos de electricidad y plomería. También hay una tienda para entrenamiento, ubicada justo al lado los camarines; el sector de fisioterapia; el área de vestuarios, la lavandería, la escuela, la cocina y las oficinas.

Los técnicos dicen que todo estará listo pasado mañana, para que los artistas puedan comenzar con sus entrenamientos antes del estreno, previsto para el próximo sábado 29 de mayo.

Alejandro Rapetti
Fuente: La Nación

Aventuras en un zoológico especial

DE LA TELE CARO IBARRA Y EMILIANO RELLA PROTAGONIZAN 'ZOOILÓGICO'.

"Zooilógico": Con Caro Ibarra y Emiliano Rella. señala la importancia de los valores humanos.

Protagonizada por dos figuras conocidas de la televisión, Caro Ibarra (ex conductora del ciclo para chicos Zapping Zone) y el simpático Emilano Rella, hoy se estrena, en el teatro Maipo, el musical Zooilógico, dirigido por Omar Calicchio.

Pensado para chicos de hasta 10 años, el musical busca, a través del humor, señalar la importancia de la amistad, la responsabilidad, los valores humanos y el amor por los animales.

Es un día más en el "Zoológico de los sueños". Quienes están a cargo del funcionamiento del mismo, la Directora, Emiliano (jefe de los guías), Cacho y Lucho (ambos encargados del cuidado de los animales), esperan ansiosos la llegada de su nueva compañera de trabajo, la Señorita Caro. Ella será la responsable de dar las clases en el anfiteatro del Zoo, para que los chicos conozcan en detalle a los animales que viven en libertad en este parque.

Claro que con su llegada todo se verá alborotado y algunas cosas parecerán perder su lógica.

Escrito por Rubén Roberts y Carlos González, las coreografías del musical están a cargo de Diego Bros (Cats, Fiebre de sábado por la noche, La Bella y la Bestia, Los miserables). El elenco se completa con Eugenia Encina, Guillermo Calz y Alejandro Levín.

Se puede ver sábados y domingos a las 16, en Esmeralda 443.

Fuente: Clarín

José María Muscari: "Siempre tuve mucha labia"

Actor, dramaturgo y director, se reconoce como "un tipo mandado". Y, por otra parte, "mandón". Retrato de un hombre que se anima a romper el molde.

Por: Silvina Lamazares

Aunque el imaginario popular lo dibuje bien distinto -y, básicamente, dibuje su intimidad muy distinta-, resultó un tipo obediente. Al menos, en esa escena de la realidad que lo zambulló de un reto en su mejor ficción y que lo fue transformando, de a poco, de José María a Muscari. De alumno a artista. "Mi primera obra, Criaturas de las sombras, la escribí por despecho, porque cuando estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático, la profesora de actuación se enojó y me dijo 'Vos tenés que irte a dirigir, que estás siempre en escena mandando a tus compañeros, diciéndoles lo que tienen que hacer'. Me quedé re caliente y dije 'Bueno, me pongo a dirigir'. Organicé una obra con unas minas de ahí y la escribí mezclando unos textos. Y enseguida la estrené (ver La anécdota). Yo funciono muy bien con los desafíos. Con el tiempo amé a esa profesora, una genia", regala el ex alumno de Marta Serrano, la mujer que, evidentemente, sabía enseñar. O dar lecciones de ésas que no se olvidan.

Nacido en Villa Devoto hace 33 años, criado en Villa Insuperable y crecido entre Flores y Mataderos, ahora vive en San Telmo, en un departamento que el prejuicio ajeno jamás le adjudicaría. Ordenado, sobrio, sin más colores que el blanco, rojo y negro de los sillones y los adornos. Cocina impecable, iluminación suave, aroma floral envolvente. "Hay gente que piensa que soy un reventado, enquilombado... Y pasa algo extraño: sé que hay un imaginario sobre mí que no coincide conmigo. El otro lee de mí lo que mis obras proponen, pero eso no tiene nada que ver con mi vida privada. Creo que exorcizo todo ahí, en mis espectáculos. Entonces ando por la vida más liviano, más tranquilo, menos polémico y transgresor que lo que muchos creen", entiende el dueño de casa, "un pibe muy de barrio... no tengo nada que ver con el glamour".

Hijo de un verdulero y carnicero y de una señora que maneja ese negocio familiar, ahora devenido almacén, Muscari echa la vista atrás y dice reconocerse en el que fue, "porque siempre fui como un gran creador de mi propia realidad. Soy hijo único y viste que los hijos únicos nos inventamos mucho el propio juego... Por eso, a pesar de haber sido líder, en la escuela, en la calle, donde sea, cuando volvía a casa estaba solo. Y, mirá, también en eso me reconozco entonces: sigo siendo líder, en las obras, por ejemplo, pero llegó acá y no tengo una familia construida con el modelo tradicional. De hecho, vivo solo".

Gran anfitrión, sirve sabroso café con galletitas -él prefiere un cóctel de proteínas para fortalecer su cuerpo-, mientras recuerda que "otra característica que traigo de la niñez es esa cosa del mandar, que me puede. Soy mandón, fundamentalmente lo fui con mis papás desde la hora cero (su madre es su "fan número uno, una diosa" y su papá murió el año pasado, justo el día que a Muscari hijo le entregaron las llaves del departamento). Nunca me pusieron demasiados límites, pero creo que tampoco los necesité. Nunca me 'deschaveté', soy bastante equilibrado y eso viene de cuna". Las autodefiniciones también lo encuentran como "un tipo mandado", alguien "muy poco cocorito, un buen ubicador de personas. O sea, si tengo que ponerte los puntos, lo hago sin problema". Palabra del hombre que comparte, con sus seguidores, sus sensaciones en mundomuscari.blogspot.com.

"Yo siempre tuve mucha labia. Sé decir y pelear una idea hasta las últimas consecuencias. No sabés cómo he discutido en pruebas de matemática, donde no había nada para discutir, porque era una cuenta que sencillamente no sabía hacer. Soy muy empedernido", sentencia, aportando más colores al autorretrato que pinta sin concesiones.

Cuando bucea en épocas del secundario, admite que "nunca estudié demasiado y jamás tuve malas notas... Aunque confieso que me llevé previa gimnasia", ironía del muchacho que se hizo físicoculturista: "Me gustaría dedicarle a eso más tiempo del que tengo. Pero no me obsesiona el tema del cuerpo, sino que quiero ahondar en esa combinación de mente, cuerpo y alma. Y eso lo mamé de Cristina Musumeci", la deportista en la que se inspiró para escribir y dirigir Fetiche.

Ahora tiene tres obras en cartel (El anatomista en el Regina, Fuego entre mujeres en el Tabarís y Auténtico en el Teatro de la Comedia, en la que también actúa), dos participaciones en películas recién estrenadas (Eva & Lola y Zenitram) y una en un programa de TV (Guita fácil), que busca pantalla. El mes que viene subirá a escena con Pirañas y en julio montará Feizbuk.

"Siempre supe, desde muy chico, que iba a ser actor", por eso, apenas se recibió en el Liceo 8 de Mataderos, se anotó en la Escuela Municipal de Arte Dramático, donde el actor lo disoció -o lo hizo crecer- en el dramaturgo y director que también es hoy, lejos del imaginario y cerca de sus dones.

La anécdota

"Con mi primera obra recién escrita, un día vi en Plaza Flores una oficinita de los viejos centros municipales y leí que decía 'Ayuda a la cultura, no sé qué'. Entré y hablé con una mina. Le dije 'Hola, qué tal, mi nombre es José María Muscari, soy director, escribí una obra de teatro, la tengo montada y ustedes me tienen que ayudar, porque a la edad que tengo, 18, no voy a conseguir sala'. Le debo haber hablado con tal seguridad, que la mina hizo un llamado y después me preguntó: '¿Tenés tiempo ahora? Bueno, vamos'. Paró un taxi y me llevó al Centro Cultural San Martín. Me hizo hablar con un tipo al que le contó todo y le dijo que sería bueno ayudarme y el tipo me programó cuatro funciones... Imaginate, las llené todas, volanteé como loco".

Fuente: Clarín

"Falsa escuadra": Austera y efectiva

ALTO Y BAJO IVÁN LARROQUE Y FERNANDO ROSEN ENTRETIENEN DURANTE UNA HORA.

Este espectáculo de la Compañía Movimiento Armario se vale de pocos elementos para divertir.

Por: Vivian Urfeig

Dos hombres y un armario. Con una paleta de recursos austera y sencilla, Falsa escuadra cuenta la historia de un par de amigos (y por momentos enemigos) que sin decirse una palabra se dicen muchas cosas. Este interesante mix de lenguajes que van del circo a la danza, el teatro, la acrobacia y el clown plantea un espectáculo que articula el humor y una estética visual cuidada.

Sin efectos especiales, rayos láser ni pantallas de video, esta producción de la Compañía Movimiento Armario propone una hora de situaciones desopilantes, donde estos dos personajes (uno alto, el otro bajo) se entregan al juego de los ritmos que marca el cuerpo en movimiento.

El armario funciona como excusa para subir, bajar, hacer equilibrio, entrar y salir. Pero también como soporte para crear música. Con apenas dos palillos de batería o pelotitas que rebotan en el mueble logran una sesión de percusión ajustada y redonda.

Dirigida por Martín Joab y protagonizada por Iván Larroque (el alto) y Fernando Rosen (el bajo), Falsa escuadra se nutre de elementos de otras épocas: Tiki Taka, yo yo y boleadoras se suman a los pañuelos, cuerdas y silbatos para generar impacto. La imagen y la música siempre van de la mano en esta construcción de un mundo propio. No faltan los malabares, las escenas de equilibrio y los números propios del circo tradicional donde un choque, una caída o un porrazo arrancan carcajadas.

El teatro del Club de Trapecistas Estrella del Centenario también aporta lo suyo, ya que parece el living (grande, enorme) de una casa. El público puede elegir entre almohadones y colchonetas, gradas y sillas para ver la obra. Este espacio está pensado a medida de las necesidades artísticas de esta compañía, un circo independiente y contemporáneo, que fusiona elementos del teatro, la danza, la música y las artes plásticas.

La obra fue creada por sus protagonistas después de dos años de investigación y entrenamiento. Con la necesidad de contar una historia sencilla, chiquita, y sin más pretensiones que lograr una impronta visual de buena calidad este dúo dinámico invita a desenchufarse un rato y entregarse a la risa y al arte.

Funciones: los sábados a las 20 y los domingos a las 18. Entradas: $25. Club de Trapecistas Estrella del Centenario, Ferrari 252, Parque Centenario. Tel. 4857- 3934, www.clubdetrapecistas.com.ar

Fuente: Clarín

Carlos Rottemberg: 35 años con la escena comercial

Carlos Rottemberg, en su despacho del Multiteatro Foto: LA NACION / Andrea Knight

El señor de las 8920 butacas

El festejo será con la inauguración del Bristol, en Mar del Plata, y con la remodelación de dos salas

La tradición indica que cada cinco temporadas, para su cumpleaños, Carlos Rottemberg, el señor de los teatros, da señales de un nuevo emprendimiento. Esa parece ser su manía, su vocación, su apuesta.

Esta vez, el 11 de abril no cortó la cinta en medio de una noche glamorosa, como sucedió hace 10 temporadas cuando abrió el Multiteatro. Se tuvo que conformar con el acto simbólico de (¿martillo en mano?) romper las paredes del Lido y el Neptuno, dos salas de Mar del Plata, e iniciar así el proceso de reconstrucción de los dos teatros que incluirá la construcción de otro nuevo.

En realidad, su idea original era volver a darle vida al Argentino, ex teatro del centro porteño, pero como la aprobación de los planos se demoró tomó otro rumbo. "Cuando el año pasado ustedes escribieron que daba de baja al proyecto del Argentino, me llamó al otro día Spadone para ofrecerme hacer algo en Mar del Plata". Ese "algo" en cuestión fue la compra del Lido y el Neptuno en donde la última temporada programó Más respeto que soy tu madre y Baraka .

Sigue él: "Me atraía la puesta en valor de esas dos salas y rescatar el Astral que, desde hace 23 años, no existía. En eso estoy. Pero no se va llamar Astral ya que Julio Gallo [dueño del Astral de Buenos Aires] me llamó para pedirme que le cambie el nombre para no confundir a la gente. Y como Julio es un amigo, le pondré Bristol porque me parece un nombre muy apropiado para Mar del Plata".

-¿Cuánto te salió todo esto?

-Me costó las dos últimas temporadas enteras y las próximas dos. Necesitás cinco años y obras como Piaf, Art o Gasalla para nutrir la cuenta bancaria y poder hacer teatros. Si programás más o menos bien, las cuentas te dan, salvo que te agarre una gripe A, como sucedió el año pasado. El día que no logre meter en cinco años un éxito voy a estar en problemas...

En su oficina tiene una foto de un ladrillo que le regaló un amigo fotógrafo. Parece ser la síntesis perfecta de quien, a fin de año, llegará a tener 7 teatros y 13 salas para programar. "En teatro uno de los misterios es ser ordenado", dice. ¿Cómo se ordena algo que incluye el imponderable del éxito o del fracaso? "Diría que con oficio -contesta, con oficio, el señor que comenzó su historia hace 35 años-. Esa pregunta me la hice tantas veces... Cuando el primer año hice Equus pensé que cada dos años podía construir un teatro, tardé 10 minutos en tener un fracaso y me di cuenta que había un tema de promedios. En estos últimos años lo que sí se está manteniendo son los promedios de éxitos y fracasos. Quiero decir: 3 obras me funcionan muy bien; 3, más o menos; y 6, patinan. Las 6 que patinan, por suerte, terminan rápido. No hay que estirar los fracasos, no le sirve a nadie".

-¿Cuánto dura un fracaso?

-Me gusta ser pragmático en las respuestas. Cuando se estrenó El televidente, en el Multiteatro, a los 40 minutos, en medio del estreno, me vine a la oficina para llamar a Soledad Silveyra y proponerle hacer Made in Lanús 40 días después porque El televidente no tenía arreglo. A las 48 horas Rodolfo Ranni, que era el protagonista, se fue dejando la sala vacía.

Así de pragmático y expeditivo es él. "Yo tengo que preservar al artista que no quiere quedarse con la sala vacía. Ahora mismo a Federico Luppi no puedo decirle que se quede. No creo en la intelectualización de los motivos de un éxito o un fracaso. No me pongo a pensar por qué Brujas sigue siendo un éxito", apunta sin falsas posturas porque Carlos -tómalo o déjalo- es un tipo que va al grano.

-En estos 35 años de profesión como productor y dueño de teatros, ¿qué se te fue ordenando?

-Mi discurso, aunque implique persistir en el error, ha sido siempre igual. La otra vez leí la primera nota que me hicieron hace 25 años y me di cuenta que sigo pensando lo mismo. En ese aspecto, creo que estaba bastante ordenado en la idea de dar pasos firmes. En 35 años no recuerdo haber hecho una locura que no me deje dormir.

-Cambió, sí, la actividad porque hace 35 años vos no hubieras pensando en hacer varias salas en un mismo teatro, como hiciste en el Multiteatro .

-No, claro, en ese sentido sí. El otro día tuve una experiencia dramática que sirve para ejemplificar cómo han cambiado las cosas.

La anécdota es más o menos así. El señor de los teatros estaba en hall del Gran Rex esperando ver una obra. Una señora, acompañada de su hijo adolescente, lo reconoció y le preguntó: "Dígame, mi nene quiere ser famoso, ¿cómo tiene que hacer?". El tuvo una respuesta dura y rápida: "Lo mejor es que cruce la avenida cuando arrancan todos los coches y mañana sale en todos los diarios". Hubo silencio. Sigue él: "Sí, estuve grosero y le pedí disculpas. Es que tuve tanta bronca... ¿Ves?, éso cambió. Antes te preguntaban por el mejor profesor de teatro o por una escuela. Hoy la madre dice que el chico, quien no abrió la boca, quiere ser famoso. Ese comentario es una radiografía perfecta del momento que vivimos. Eso hace morir de vuelta a Alejandra Boero o que Agustín Alezzo no tenga razón de ser".

Quizá, para no quedarse con el sabor amargo de esa contundente postal, trae otra foto de la realidad: "En Buenos Aires, lo que más hay no es justamente lo peor del teatro. Con ver qué es lo que anduvo mejor durante 2009 te vas a sorprender de que tantas cosas mediáticas no existan entre las obras que más público convocaron. Agosto, Piaf, Gorda, Más respeto que soy tu madre, Baraka son los espectáculos que mejor funcionaron el año pasado. Y la semana pasada fueron Gasalla, Agosto, Art, Fuerzabruta y Un Dios salvaje ".

Volvamos al principio. A su cumpleaños. A las tres salas nuevas en Mar del Plata. A su festejo de 35 años en la actividad. A la construcción del Bristol. Ahora bien, cuando se le pregunta con qué espectáculos abrirá las tres salas, Carlos Rottemberg tiene una de sus típicas salidas: del cajón de su escritorio saca una cartón en el cual, como si fuera un ama de casa que anota las cosas para comprar en el súper, tiene apuntadas sus dudas. Lee en voz alta: "ver cómo funciona lo de Alcón y Francella cuyo estreno se pasó para julio, ver si hacemos segundo año de Gasalla en Mar del Plata y seguir de cerca cómo va en Buenos Aires, ver si Bravísima es el nuevo éxito de Carmen Barbieri, analizar si Brujas vuelve a Mar del Plata, Martín Bossi está haciendo un éxito en Buenos Aires y quiere ir a Mar del Plata (¿podrá ser?) y estudiar definitivamente si Mirtha Legrand acepta sí o no la temporada en Mar del Plata que todos los años amenaza con hacer pero que, a esta altura del año, dice que no. Con todo esto me voy a dormir sin saber qué hacer".

Sus 8290 butacas esperan que el señor de los teatros se decida (¿podrá dormir bien?).

Alejandro Cruz
Fuente: La Nación

"La plaza del Diamante", dirigida por Diego Demarchi

La plaza del Diamante, dirigida por Diego Demarchi e interpretada por Fernanda Pérez Bodria, se puede ver hasta fin de mes todos los sábados en el Teatro Tadrón de Palermo. El espectáculo realiza una síntesis de la novela que lleva el mismo nombre, La plaza del Diamante, de la reconocida escritora catalana Mercè Rodoreda (1909-1983), en versión teatral de Joan Ollè.

Por Sonia Jaroslavsky

Hojas otoñales, ramas secas esparcidas, una luz cálida y un verde banco de plaza. Pequeña. Natalia aprieta con sus manos una bolsa de las compras. Nos cuenta su historia, la de la chica de las palomas. El relato de Natalia aborda las peripecias de su vida y éstas son las de una chica huérfana de madre que tiene un prometido, pero en un baile conoce a Quimet que le promete casa y buena vida, y se casa. Pasará de la sujeción de la casa de su padre a la sujeción del marido. Así ella dejará de ser Natalia para ser Colometa, nombre que le puso su marido, marca de fuego que forjaría el borramiento de su identidad. El primer dolor –que enfatiza la pérdida de su autonomía– fue el miedo que sintió en su noche de bodas porque de chica escuchó decir “que te rajan”. Explica Natalia: “Las mujeres mueren rajadas. Eso empieza ya cuando se casan. Y si no han quedado bien rajadas entonces, la comadrona termina de rajarlas con un cuchillo o un vidrio de botella, y ya quedan así para siempre, o rajadas o cosidas”. Los demás dolores fueron el hambre, la Guerra Civil, la muerte y la soledad. Otros, las de sus crueles decisiones, propias de las atrocidades que les tocaron vivir.

Paradójicamente la posguerra significa autonomía y crecimiento para Natalia. Su marido muere en la guerra y, en su búsqueda del sostén económico de su familia, se reafirma como mujer, su estima se expande y se revierte su situación bajo el signo de la esperanza. Fernanda Pérez Bodria cuenta: “A pesar del dolor y de su condición de mujer humilde –postergada, silenciada, sometida– jamás se victimiza. Observa la superficie de las cosas hasta que le revelan algo más. Dentro de esa aparente pasividad con la que atraviesa su vida hay una fuerza increíble que la hace seguir adelante, más allá de todo. Por eso al terminar de leer la novela la sensación fue de esperanza y hasta de alegría”.

El espectáculo propone la pregunta escénica de cómo mantener vivo un relato y la atención del espectador con mínimos desplazamientos y gestos. Pérez Bodria dice en este sentido que a la hora de interpretar a Natalia para ella los movimientos del personaje son enormes, pero simplemente no se despliegan ya que están contenidos. Junto a Diego Demarchi, se propusieron centrar la atención en este relato y para eso abordaron un estado de actuación atravesado por movimientos mínimos y concentrándose en los detalles. Por otro lado, decidieron sacar los términos demasiado españoles y los reemplazaron por otros más neutrales en tiempo y espacio. Después, fueron más allá, al sacar algunas referencias demasiado concretas a la Guerra Civil, incluso a la época y al lugar para volverla más cercana y universal.

Hoy por hoy hay muchas tildadas por sus maridos de Colometas y es por eso que la actriz dice que abordando este personaje que se somete frente a un hombre se pone en juego ella misma: “Encuentro en mí huellas muy profundas de esta injusticia que generación tras generación puso a la mujer en una posición inferior frente al hombre”. Se dice que Mercè Rodoreda no era feminista pero mucho bien le hizo a la causa con los personajes femeninos de sus novelas que siempre tienen el deseo de encontrar “su espacio propio”. ¤

La plaza del Diamante. Sábados a las 21.30. Teatro Tadrón. Niceto Vega 4802.

Reservas: 4777-7976. $30-

Fuente: Página 12

Una gran comedia musical infantil

Agustina Vera, Marcos "Bicho" Gómez y Vanesa Butera, parte del virtuoso elencoPlatea infantil / Por Juan Garff

La obra de Enrique Pinti contiene lo mejor del género, con un texto inteligente


Mi bello dragón. De Enrique Pinti. Intérpretes: Marcos "Bicho" Gómez, Diego Jaraz, Omar Calicchio, Vanesa Butera, Diego Hodara, Martín O?Connor, Jorge Priano, Laura Silva, Agustina Vera, Rodrigo Cecere, Jessica Abouchain, Marien Caballero Galvé, Diego Castro y Gastón Prat. Música: Julián Vat. Coreografía: Ricky Pashkus. Escenografía: Maggy Eve Risdon. Vestuario: Pablo Battaglia. Dirección: Enrique Pinti y Ricky Pashkus. En el Maipo, Esmeralda 443. Los sábados y domingos, a las 17. Entradas: $ 30.
Nuestra opinión: muy bueno

Arranca con el despliegue de un gran musical. En la taberna se presentan los personajes, se van delineando caracteres, se vislumbra un hilo para la trama, todo con breves parlamentos y ágiles canciones y coreografías. Podría ser la introducción de una producción de Broadway, de las que circulan ahora por los escenarios del mundo. Lucido, aunque un tanto convencional.

Pero no. Mi bello dragón fue escrita hace más de treinta años y su nueva puesta en escena tiene toda la cercanía de quienes conocen al público local, pero con un know-how artístico universal. No hace falta que transcurra mucho para que el espectáculo adquiera características singulares, gracias a la pluma inspirada de su autor.

Enrique Pinti, que de él se trata ?en este caso junto con Ricky Pashkus en la dirección?, opta por la vertiente del humor, también sobre los estereotipos del mismo género. El dragón que debe ser vencido para obtener la mano de la bella princesa no es una bestia feroz ?para sorpresa del joven leñador que busca enfrentarlo?, sino un ser amigable al que le place cocinar huevos fritos y barrer para mantener limpia su cueva.

El temor ante el dragón se desarma en risa. Y para ello cuentan Pinti y Pashkus con el aporte invalorable de Omar Calicchio, en un personaje de guardia real que parece secundario, pero que sostiene e hilvana la acción, así como de Marcos "Bicho" Gómez, un dragón memorable que tiene poco que envidiar probablemente al que protagonizara el mismo Pinti en 1968. Ya lo había hecho en 2002. Y vale la pena que hayan tomado de Disney no ya la vertiente de atar a su público a las butacas mediante el miedo, sino la más comercial y realista de retomar los espectáculos a los siete u ocho años, cuando se renovó el público infantil.

Elenco impecable

Vuelve a lucir así un vestuario espectacular, particularmente logrado en el caso de la bruja incompetente que personifica con gracia Laura Silva. Se intercalan en inteligente equilibrio los números musicales y coreográficos con las escenas que hacen avanzar la historia al ritmo de volteretas de humor. La función va tomando un tono de fiesta para todas las edades. Las coreografías de Pashkus y las canciones de Julián Vat adquieren el valor de catalizadores de la acción de fuerte impacto visual y auditivo.

El hada de Vanesa Butera, el trovador de Diego Jaraz, la princesa arquetípica de Agustina Vera, el leñador ingenuo de Rodrigo Cecere, así como la dupla de malvados que integran los duques Salamino y Tracañote, personificados por Jorge Priano y por Diego Hodara, todos ellos conforman un elenco a tono con la propuesta de Pinti y de Pashkus, uno de las escasos ejemplos de teatro para niños que apela a todos los recursos del teatro en general ?incluidos autores, directores y actores? para poner en escena una obra sin desperdicio. Una vez producido el despegue desde la escena de apertura, Mi bello dragón toma el impulso propio del reverso de la moneda que parodia, My fair lady (Mi bella dama). Pero, fiel a la mirada crítica, Pinti no plantea conversión alguna: el dragón ?en el fondo, álter ego de los niños, en lo que se refiere a su autenticidad? seguirá siendo lo que es, contra lo que el establishment de palacio piensa sobre él: un amable amo de casa.

Fuente: La Nación