La Gran Anita contra el Lado Oscuro

El vecino hijoputa y los testigos de Jehová hicieron una alianza para destruir a la Gran Anita, pero tal alianza tenebrosa no triunfó por diferencias irreconciliables en materia religiosa. Sus distintos entendimientos de las divinidades y los evangelios, rompieron la alianza oscura.
A partir de entonces, ambos bandos se dedicaron unilateralmente a hacerle la guerra a la Gran Anita.
El vecino hijoputa subía hasta extremos insoportables el volumen del aparato que reproducía, horas y horas, los más abominables villancicos.
Los testigos de Jehová llamaban al timbre en los momentos más inoportunos del día, amenazándola con todos los horrores del Averno. Esos eran los momentos que Anita dedicaba a uno de sus placeres más gozosos: la siesta. Los malvados testigos la despertaban cuando se sentía más orgásmica en sus sueños húmedos, retozando con machos antológicos como Forlán o Piqué.
Alzábase iracunda del lecho y arrojaba a los testigos los objetos más contundentes que podía encontrar por la habitación, con la idea de alcanzarles en la cabeza y destrozarles sus ya deteriorados cerebros. Estos corrían escaleras abajo implorando a gritos lastimeros la protección de Jehová.
Para evadirse del caos, nuestra Anita, se lanzaba en su coche a velocidad suicida por entre el tráfico rodado de la ciudad amurallada. Algún peatón inconsciente se arriesgaba a cruzar por el paso de cebra cuando Anita, a la velocidad de Fernando Alonso en una recta, aparecía con su bólido espanta-peatones. El frenazo era espectacular. En casi todos los pasos de cebra de Ávila estaban marcadas las frenadas de Anita.
Pero he aquí que, cierto día, sucede algo sorprendente y maravilloso. Tan sólo una centésima de segundo antes de pisar el freno, se percata de que el peatón temerario es el vecino hijoputa. No frena, pisa más el pedal de los aceleramientos tremebundos y... ¡se lleva al vecino hijoputa directamente al otro barrio! (a ese de Munilla y Rouco Varela)
Anita no se detiene porque sabe que ha cometido una barrabasada (que diría Fraga Iribarne) y abandona como una exhalación el lugar del crimen. Le pega un tiento a la petaca de whisky que lleva en la guantera... porque nadie le tiene que decir a ella si debe o no debe beber cuando conduce (que diría Aznar) y pone kilómetros por medio entre las ruedas de su coche y el fiambre sanguinolento del monstruo de los villancicos.
¡Oh, pero ha dejado un testigo!... Desde el ático de un edificio próximo acaba de contemplar la barrabasada un testigo de Jehová voyeur de los que se dedican a observar con prismáticos a transeúntes pecadores. "¡Es Anita la pecadora, no me cabe la menor duda!, ¡ja, ahora la tenemos cogida por los pelos del chocho!"
¡¿Condenará un juez a la Gran Anita a pasar el resto de sus días en una oscura mazmorra con la Pantoja?...!
¡¿Tendrá esa mala folla... ahora que no está el vecino hijoputa para incordiarla con sus villancicos horrísonos?...!
¡No se pierdan el próximo episodio de "La Gran Anita contra el Lado Oscuro!... (Sólo en la televisión de pago Tele Misa de Doce)