¡Feliz año!


Luis Figueroa

En mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Mis padres y tíos eran jóvenes, alegres y parranderos; de modo que para el Año Nuevo organizaban sus fiestas en la casa de mi abuela Frances y a los niños nos despachaban a la casa de mi abuela Juanita.

Ella y mi tía abuela, la mamita, montaban una fiesta para cuatro, cuyo propósito era conseguir que, en un ambiente alegre, los críos le diéramos la bienvenida al año nuevo.

La Mamita y la abuelita nos contaban historias; y así fue como supimos cómo era un viaje a Esquipulas –en la primera década del siglo pasado– para una niña de menos de 10 años, montada en un caballo llamado Chino. Así nos enterábamos de cómo era la vida en la Guatemala de “cuando se amarraba a los chuchos con longanizas”. Así oí que había unos juegos pirotéctnicos llamados “toritos”, que lanzaban luces multicolores y que perseguían a la gente durante las festividades.

Aquella fiesta no podía pasar sin que quemáramos cohetes. Pero como las dos viejitas eran prudentes, los que nos permitían quemar eran estrellitas y unas bolitas de colores que, al somatarlas contra el piso, estallaban. Nada de ametralladoras, varas, y otras cosas más complejas, que solo quemábamos en la Nochebuena, acompañados por mi padre.

Para la cena, mi madre dejaba la mesa puesta con buena cantidad de golosinas, así como con algún pequeño pavo o pierna que los niños íbamos despedazando poco a poco entre relato y relato. A veces, claro, nos vencía el sueño. Quién sabe si porque se iba haciendo tarde, o porque la voz de La mamita nos arrullaba, o por la copa de rompopo, vermouth, o marsala al huevo que se nos permitía tomar.

Cerca de la media noche, las viejitas se aseguraban de que la radio estuviera sintonizada en la estación que transmitiría “El brindis del bohemio” y de que nuestras pequeñas copas estuvieran llenas. Cada quién tenía sus doce uvas. Los dos mayores teníamos nuestras estrellitas y nuestras bolitas explosivas. Y cuando comenzaba el alboroto propio de la bienvenida para el nuevo año nos abrazábamos como si no nos hubiéramos visto en décadas. Y mis padres llamaban por teléfono y nos gritábamos ¡feliz año! como mejor podíamos. Y cada noche de Año Nuevo, no importa en dónde esté, siempre recuerdo esas fiestas, y en mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periódico", el día viernes 30 de diciembre 2011.

Gracias 2011, bienvenido 2012


Karen Cancinos

Tener familia y vivir con ella en un hogar es algo por lo cual dar gracias.

Ya tendremos tiempo el año que viene de ocuparnos de política. En estos preciosos días navideños, he decidido cerrar este 2011 con unas líneas sobre una institución que en varias instancias pareciera considerársela como enemigo popular, cuando en realidad es un bien público. Me refiero a la familia. Lo que haré será aludir a una afirmación que escucho y leo a menudo. Luego anotaré por qué pienso que es infundada y maliciosa.

“La familia es una construcción patriarcal, diseñada para beneficio de los hombres y en detrimento de las mujeres”. Palabras más palabras menos, eso es lo que se dice y, peor aún, lo que la mayor parte de la gente se traga como si fuese píldora de sabiduría. Pero de eso nada. Es un despropósito mayúsculo y bastante poco original. Ya Carlos Marx y Federico Engels escribieron algo así en su conocido Manifiesto de hace más de 160 años.

No afirmo que tal frase es una necedad por inquina alguna hacia sus autores decimonónicos, sino porque, en primer lugar, la familia no es “una construcción”, ni un invento ni un diseño de alguien en particular, o de unos pocos. Es una institución, y como tal tiene un origen que se pierde en la noche de los tiempos. En otras palabras, desde que los seres humanos somos gregarios la familia ha tenido un lugar no solo importante sino vital en la conformación social. Claro que su estructura ha diferido según entornos culturales, pero en el nuestro está basada en el matrimonio, y aunque eso puede gustar o no, la realidad es que tal familia es la que vertebra cualquier comunidad de las sociedades occidentales actuales.

En segundo lugar, es una estupidez sin atenuantes la insinuación de que vivir en familia es una conveniencia para los hombres y un peligro para las mujeres. A propósito del caso Siekavizza, Siglo.21 publicó esta semana que 43 mil denuncias de violencia intrafamiliar se han presentado en el MP este año, 10 mil más que el año pasado. Suena terrible, y de hecho lo es. Pero no perdamos de vista que cualquier cifra hay que leerla siempre en contexto y en proporción. Y si tenemos 2 millones 600 mil hogares en Guatemala, 43 mil significa 1.65%. De manera que, aunque compartimos que es lamentable que en 1.65% de hogares del país haya violencia, también sostenemos que es malintencionado y retorcido colegir de esto que el hogar, que es decir familia, sea donde se corre más peligro. Porque la verdad es que tener una familia y vivir con ella en un hogar es, en la inmensa mayoría de los casos, algo por lo cual dar gracias.

Lo que soy yo, copa de champán en mano este Año Nuevo, celebraré a la familia como institución, a las de mi país como bien público, y a la mía como bendición personal: esposo, madre, hermanos, cuñadas, sobrinos, tíos, primos, amigos. Este 2011 bailamos juntos en bodas, celebramos el arribo de bebés, cuidamos a los que estuvieron enfermos, y enterramos a papá con lágrimas cuando fue llamado a la casa del Padre de todos. Con el corazón contento, le deseo un estupendo 2012. Que lo viva con su querida familia: si es como la mía, de seguro no es perfecta, pero sí muy feliz.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 30 de diciembre 2011.

Acuerdos o “Recuerdos” de Paz


Estuardo Zapeta

Extraños los caminos de la política, ya que precisamente es un militar, firmante de los “acuerdos” quien regresa al poder.

Él se autodenominó El General de la Paz, pero yo creo que en realidad es El General de los Acuerdos de Paz. Ser de la paz y ser de los acuerdos, significa un mundo de diferencia para el presidente electo, Otto Pérez Molina, quien en un par de semanas pasará de ser signatario de los “acuerdos” a ¿”cumplidor”? de los mismos.

Extraños los caminos de la política, ya que precisamente es un militar, firmante de los “acuerdos” quien regresa al poder.

La “quinceañera desvirgada”, como he apodado a la celebración de 15 años de “los acuerdos”, parece que salió “anoréxica, bulímica, con personalidad múltiple, bipolar, suicida, multipolar, drogadicta, alcohólica, psicótica, esquizofrénica, y más peperecha que la diplomacia europea y gringa juntas”, y aún así le hacen fiesta de quinceaños en lugar de mandarla a recuperación inmediata a un centro psiquiátrico.

Pero más importantes son los hechos señalados ayer en conferencia de Prensa por la Red Nacional de Organizaciones de Jóvenes Mayas, RENO´J, acerca de las causas que provocaron la guerra interna, y la exacerbación de dichos problemas. (La quinceañera, pensé yo, se va a morir.)

“Hay muy poco que celebrar”, decían, cuando la pobreza, el analfabetismo y discriminación son todavía pan diario. Cierto: las causas de la guerra interna no sólo no han desaparecido ni disminuido, sino que han crecido, y con ello la posibilidad de una ingobernabilidad creciente.

Ese es tu escenario, Otto. Por eso distingo entre ser de la paz, y ser de los acuerdos, y las malas noticias son que de “los acuerdos” no hemos pasado, y, de hecho, los “acuerdos” se quedaron cutos porque el patojo creció y el pantalón de la paz ya no le queda.

Yo no me iré a las altilocuentes y rebuscadas palabras que los discursantes utilizan en esas presentaciones públicas; esas palabras como “estructural, coyuntural, imaginario social, problemática, etc.”, léxico que sólo los doctos en reestructuración sociocultural utilizan, y cuya fluidez idiomática podría ser hasta estudio de seres más humildes como Chomsky, Foucault, Sapir, Whorf, Bordeau, Eco, etc. No, yo no llego a esas alturas de la alta escuela.

Prefiero ponértela así: “la cosa está fregada, y vos Otto decís que sos el yeneral 2.0 de la paz, y yo te digo que sólo sos de acuerdos, nada más, pero por estar luciendo con la firma de los acuerdos, ahora te fregaste porque aparte de presidente tenés que implementarlos, te guste o no” (más fácil hablar como habla la gente).

Entonces, me quedan varias preguntas: 1. ¿Van a evaluar a las Comisiones Paritarias y a las Especiales? 2. ¿Habrá en el gobierno Patriota otro Referéndum? 3. ¿Van a desarrollar el Artículo 70 de la Constitución? 4. ¿Creceremos en economía al 6% anual sostenido por 10 años como dice el Acuerdo Socioeconómico?. 5. ¿Subirá el presupuesto del Ejército, como lo establecen los acuerdos? 6. ¿Tendremos un Ministro de la Defensa civil (pachuco)?. 7. ¿O mejor Fundamos la República?

Vaya tareíta la que tiene Otto, El General de los Acuerdos. Lejos está la paz.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 30 de diciembre 2011.

A 15 años de la firma de la paz


Ramón Parellada

Hoy se cumplen quince años de la firma de la paz y los guatemaltecos nos sentimos frustrados porque las expectativas eran muy altas y los resultados no terminan de verse, no llegan. Me pregunto si en verdad alcanzamos la tan anhelada paz o hubiera sido mejor no haber firmado estos acuerdos y dejar que el tiempo decidiera finalmente otras condiciones para lograr una verdadera paz. Sea como sea esto ya es historia y sobre ello pienso que debemos construir y hacer los cambios necesarios y urgentes para conseguir la paz que tanto nos hace falta.

No me cabe la menor duda de que la mayoría de los guatemaltecos deseamos la paz par a nuestro país. Digo la mayoría porque a veces dudo si algunos pocos ex guerrilleros quisieron verdaderamente la paz dado que sus comentarios suelen ser sumamente hostiles, provocando siempre tensión manteniendo un punto de vista que no permite un diálogo abierto. De todos modos, prefiero mil veces a que se expresen de la forma en que quieren a que retomen las armas.

Para lograr una verdadera paz necesitamos recuperar la historia y decir las verdades como ocurrieron. La paz se tambalea cuando la historia se corrompe sesgándola hacia un solo lado. Durante el conflicto armado ocurrieron muchos crímenes que deben ser juzgados y se construirá la paz sólo si quienes demandan justicia, sea del lado que sea, víctimas de abusos del Estado o algunos miembros del mismo o crímenes de ex guerrilleros, son juzgados sin parcialidades.

Una paz no se puede construir dándole impunidad a una de las partes mientras que a la otra se le juzga por todo. No, definitivamente la paz se logrará si se aplica la justicia a todos por igual. Cualquier crimen cometido por cualquier bando debe ser juzgado y si la persona que lo cometió es encontrada culpable entonces deberá ser sometido al respectivo castigo. Esto tomando en cuenta el momento histórico vivido y las condiciones bajo las que se dieron.

Para que esto se dé es importante recuperar la confianza en nuestras instituciones que garanticen los derechos individuales de los habitantes del país y que permitirán que vivamos en un verdadero Estado de Derecho. Esta confianza comienza con la impartición de justicia que junto a la policía deben demostrar que están libres de todo sesgo y corrupción. Hasta ahora, a mi juicio, falta todavía mucho para recuperar esta confianza y se debe trabajar duro en ello.

Precisamente porque veo esta deficiencia tan grande en nuestro sistema de justicia es que desde el inicio apoyé una propuesta parcial a la constitución que la fortalecería. Y aunque a algunos les cansa que lo repita lo hago de nuevo porque sigo creyendo que es la solución para recuperar nuestra confianza en la justicia en Guatemala. Se trata de ProReforma (www.proreforma.org.gt) que tiene una excelente propuesta para corregir los problemas actuales de nuestro débil y fallido sistema de justicia. Incluso los más fuertes críticos del proyecto me han dicho que la parte de justicia la ven muy bien.

Si antes había un conflicto armando con crímenes espantosos, hoy vivimos en medio de un caos de violencia y delincuencia común que pareciera peor que lo ocurrido en ese período. Hemos tenido gobiernos nefastos para el país. Hemos tenido gobiernos cortoplacistas que no ven las posibilidades de un futuro desarrollo sino la de funcionarios y burócratas cuyo objetivo es su enriquecimiento inmediato a costa de lo que sea. Hemos vivido impunidad, justicia a medias lo que no es justicia al final de cuentas, niveles altísimos de violencia, y una perpetuación de la pobreza del país. ¡Así no se consigue la paz!

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 29 de diciembre 2011.

Metas y reglas


JORGE JACOBS A.

Esta es la época del año en que casi todos aprovechamos para ponernos algunas metas y objetivos a cumplir en el año que está por empezar. Lamentablemente, está comprobado por muchos estudios que la mayoría —casi el 95%— no persiste en esos propósitos y difícilmente los alcanza. ¿De qué lado quiere estar usted dentro de un año, en el cinco que sí los logra o en el 95% que no? Este tema me ha apasionado por mucho tiempo y he leído y encontrado cuanta teoría se le pueda imaginar de cómo uno puede lograr sus objetivos, desde los más razonables hasta algunos francamente descabellados. En ese peregrinar algo he ido aprendiendo y afortunadamente siempre continúo encontrando cosas nuevas.

Hay quienes dicen que uno se debe poner una sola meta a cumplir en el año, que puede estar bien porque lo enfoca a uno, pero también debemos comprender que nuestra vida consiste en muchas facetas y no podemos enfocarnos en una sola de ellas y olvidarnos de las demás. En este sentido me gusta el consejo que da uno de los que considero mis mentores —por lo que ha escrito, ya que no lo conozco personalmente—, Michael Masterson, que uno debiera fijarse un propósito en cada una de cuatro áreas: salud, finanzas, desarrollo personal y vida social. Leyendo y reflexionando he aprendido también que al final de la vida lo más importante son nuestras relaciones con los demás, por lo que considero que este lineamiento debe ser parte inherente de cada uno de esos propósitos, para que vivamos una vida plena y satisfactoria.

Sin embargo, reconozco que aunque uno se proponga objetivos y metas, llevarlos a la práctica es muy difícil y requiere constancia, disciplina y pasión —si no fuera así, el porcentaje de quienes logran sus objetivos sería mucho mayor—. Hay también muchas metodologías al respecto, pero, indistintamente de cuál usted escoja, lo más importante es dar el primer paso. La acción es lo más importante, y mientras usted no actúe, nada sucederá.

Por último, he encontrado que adicionalmente a las metas y objetivos que uno tenga, uno debe tener reglas muy bien definidas que representen la visión que uno tiene de la vida y que le permitan tomar decisiones ante las mil y una circunstancias que deberemos enfrentar en nuestro diario caminar. Es importante que uno reflexione sobre estas reglas y las ponga por escrito.

No tienen necesariamente que ser reglas muy sofisticadas, puede ser algo tan sencillo como a qué hora va a dormir y despertarse todos los días. Si lo primero que va a hacer al despertar es hacer ejercicio, leer o escribir y por cuánto tiempo. En estas doradas épocas de las redes sociales, una regla muy importante puede ser cuántas veces en el día y a qué horas se va a permitir revisarlas, por ejemplo. Lo importante es que usted mismo establezca aquellas reglas que le permitan vivir una vida más ordenada, con menos estrés y culpas, que al final lo acerquen a ese objetivo principal de todos: ser felices.

Es mi deseo que el 2012 le traiga muchos éxitos y bendiciones. ¡Feliz Año Nuevo!

P.S.: En mi blog www.jorgejacobs.com pongo el link a un par de artículos que desarrollan algunos de los conceptos que aquí menciono.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 29 de diciembre 2011.