Lo común en Muso


Marta Yolanda Díaz Duran

“Medio siglo de conocimiento compartido por Muso, que hoy podemos tener al alcance de nuestras manos”.

Era invitar a sus lectores a usar el llamado sentido común, que no es otra cosa que usar su razón a la hora de pensar y tomar las decisiones correctas para alcanzar una determinada meta: el progreso y la paz. No falsear la realidad ni dejarse engañar por utopías que prometen el cielo en la Tierra, fantasías que terminan convirtiendo nuestras vidas en un infierno. Suelen decir que el sentido común es el menos común de los sentidos. Pero no es cierto: todos podemos razonar. El problema es que no todos quieren hacerlo. Lamentablemente, muchos renuncian a la característica que nos diferencia del resto de seres que pueblan el planeta. Desde los tiempos de Aristóteles fuimos definidos como el “animal racional”. Ahora, la primera y más importante decisión que hacemos es la de usar nuestra mencionada facultad, que ha sido denostada por siglos, para aclararnos las ideas: separar nuestras premisas falsas de las verdaderas, para actuar a partir de juicios validos. Lo anterior hizo Muso a lo largo de su productiva existencia. Le dejo a él evidenciar lo anterior en lo que respecta al ejercicio del periodismo de opinión:
“Los siervos nunca han progresado. Solamente los hombres libres lo hacen… Para nuestros protectores nunca seremos adultos. Nunca tendremos buen juicio para velar por nuestros más íntimos y urgentes asuntos. Siempre seremos inmaduros, excepto para votar por ellos. Siempre necesitaremos su protección… las personas… deben ser dueñas de sí mismas, asumir sus costos y disfrutar de sus beneficios, y no sujetar su futuro a quienes pretenden ser sus amos; individuos, después de todo, también falibles e imperfectos”. En “Siervos o ciudadanos”, Prensa Libre, 16 de noviembre de 1997.
“… la cooperación enriquecedora y la seguridad jurídica exigen igualdad ante la ley, justicia predecible, mutua consideración, eficiencia en la asignación de recursos y mayor compasión por los menesterosos, que desaparece precisamente cuando el Gobierno anuncia que se encargará de ellos.” En “Si viviéramos en un mundo racional”, Prensa Libre, 30 de abril de 2000. “La discrecionalidad es la madre de la corrupción. Podemos observar en todos los países del mundo…que en el grado en que existe discrecionalidad, en ese mismo grado la corrupción se generaliza con el tiempo”. En “Erradicar la corrupción”, Prensa Libre, 1 de abril de 2002.
Celebro con mucha alegría la publicación del libro “Sentido Común”, el cual recopila varias de las columnas periodísticas de Manuel F. Ayau Cordón, escritas y publicadas durante los últimos cincuenta años. Medio siglo de conocimiento compartido por Muso, que hoy podemos tener al alcance de nuestras manos en una obra de consulta vital para aquellos que queremos vivir en condiciones diferentes. Vivir en esa sociedad que el autor soñó. Una sociedad de personas responsables que se esfuerzan por alcanzar sus fines propios. Una sociedad de personas libres de buscar su felicidad.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día lunes 28 de noviembre 2011.

“Spanglish, el nuevo orgullo nacional”


Karen Cancinos

Frase prestada de un colega columnista, que ilustra una de las plagas de la nueva cultura pop.

Tomé la frase de un columnista muy incisivo de aquí de Siglo.21, Juan Pensamiento Velasco. El martes escribió una estupenda pieza sobre un desvarío esnob llamado “Tejido Social Fashion Weekend by Saúl E. Méndez”, que me parece sumamente recomendable. El artículo, claro está, no el ridículo spanglish. Celebré ese texto porque precisamente ese día había reparado en una valla publicitaria de un enorme centro comercial. Aparece una niñita rubia ojiazul, con un fondo de paraje idílico, navideño por supuesto, pero de Vermont o de Oslo, jamás de Guatemala. Crecí en las tierras altas del país, adonde el termómetro puede llegar a marcar hasta 5 bajo 0 en las madrugadas de principios de año, así que sé de diciembres y eneros muy fríos. Sin embargo, nunca usé ropa para inviernos boreales porque en Guatemala no lo son. Nada de abriguitos de piel: no había dinero para eso, y encima no eran necesarios, porque con un buen “capishay” del mismo material con que hacen los ponchos de Momostenango, adiós tiritar.

Sigamos con el horroroso anuncio. No tiene una sola palabra en español. El nombre del centro comercial ya está en inglés, pero como si al mal gusto hubiese que agregar cursilería pretenciosa, le sumaron esta sandez: It’s real. Christmas happens. ¿Es necesario ser tan afectado? ¿En serio amamos nuestro país, cuando nos avergonzamos de usar nuestro idioma materno, sea español, mam o cualquier otro, y recurrimos en cambio al inglés, encima precario? En la casa de mi niñez regábamos pino en la entrada, colgábamos hileras de manzanilla en las paredes y quemábamos “estrellitas”; no hacíamos guerritas de bolas de nieve —¿cuál?— alrededor de un muñeco con bufanda y nariz de zanahoria. Decíamos “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo”, no “Felices fiestas”. Mis padres iban al baile de fin de año, no a una New Year’s Party.

El centro de la decoración navideña era “el nacimiento”, no “el árbol”. Aunque sí poníamos uno, era modesto y de elaboración infantil, no una cosa sofisticada para concurso. Tenía luces de colores, de esas que venían en “series” en las que, si se quemaba un foquito, lo hacían diez más. No había apostado en el parque un “árbol Gallo” con sus horrendas luces LED y un símbolo cervecero en la punta. En las calles del pueblo se oía el tututí-cutu de tortugas y pitos, y la gente caminaba de una casa a otra acompañando a la parejita nazarena en su búsqueda de posada: no se aglomeraba a ver desfiles, perdón, parades, en el que el más ignorado es precisamente Aquél que nos regaló la primera Navidad, que no Xmas.

¿Adepta yo de costumbres tradicionales, con gustos pueblerinos y patriota si de rechazar anglicismos se trata? Sí, a mucha honra, y por dos razones. Una, porque pienso que hay que tener un sano orgullo por lo propio, siempre que sea bello y generoso. ¿Y no lo son acaso las tradiciones navideñas guatemaltecas? Yo sostengo que sí. La otra razón es que pienso que no se debe andar por la vida con un léxico de cien palabras en inglés y cincuenta en español. ¿Quién va a pensar con claridad, quién construirá todo lo que hace falta en este querido país, desde “tejido social” hasta carreteras, si no tiene un vocabulario lo suficientemente extenso para, por lo menos, elaborar conceptos y nombrarlos?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 25 de noviembre 2011.

La Fiscal y el militar


Estuardo Zapeta

Todos los izquierdistas siguen un patrón y yo ya los tengo bien “chotiados”.

Todos preocupados por “quién va a llegar” a tal o cual puesto. Pero a mí me interesa más quiénes se irán, sus razones, sus estrategias de “movilidad social” y los argumentos por los cuales se retirarán, si es que lo hacen, o deciden hacerle ganas, saludo uno, sonoro taconazo y “ordene usted, mi General”.

Y quien a partir de enero la verá “a palitos” será la Fiscal General y “Jefa de Jefas” del Ministerio Público, la Dra. Claudia Paz y Paz, ya que sus opciones y sus cualificaciones para trabajar, coordinar, y sincronizar con un militar como Otto Pérez Molina o con “Mauricio Lo-Bo” en Gobernación no han de ser precisamente las mejores. Acostumbrada al estiluchis “socialdemócrata”, una especie de “grunge neo-hippy” mental post-Nirvana, con pinceladas de “Guaragua, Silvio, Pablo, et. al”, con toques “FLACS-istoides”, la disciplina no es una de las cualidades por las cuales se distingue hoy el trabajo del MP. Pero pare de sufrir.
Mi hipótesis es que alguien como la Fiscal General ya estaría pensando su retirada estratégica. Enero, digamos el día seis –Día de Reyes Magos—por ejemplo, o cualquier día antes de la toma del poder del binomio Otto – Roxana.
Pero conociendo el actuar de los “socialdemócratas” en el poder, ellas y ellos (por eso del género) no sólo agarran sus chivas y se van. No, qué va. Antes de zarpar hacen todo un “lobby” con la sacrosanta “comunidad internacional”, aseguran un puesto en algún “organismo internacional”, y ¡zaz! salen gritando que renuncian por la “repentina opresión militar”.
Todos los izquierdistas siguen un patrón y yo ya los tengo bien “chotiados”: 1) Piensan en irse, o saben que tienen que irse; 2) Juntan un equipo estilo “peludos” que las y los ayude en la “estrategia”; 3) hacen “lobby” con la comunidad internacional utilizando el argumento “anti-militar”; 4) salen, antes de irse, públicamente anunciando algún tipo de acoso (en el caso que observo sería el clásico de “los militares —del nuevo gobierno-— me persiguen”); 5) se desmayan en público para darle más punch a la “denuncia” y piden el apoyo de la “comunidad internacional,” la cual en “compadre hablado”, qué casualidad, ya tiene un “puestito” para ellas y ellos en un organismo internacional “de seguridad”; 6) una noche antes ellas y ellos mismo hacen sencillo sus propias oficinas para decir antes del desmayo que “fuerzas oscurantistas que retornan, los del pasado negro, los que derrocaron a Arbenz y acabaron con la ´primavera democrática´, grupos paralelos, agentes del crimen organizado” entraron a sustraer información confidencial, la cual es generalmente financiera, oh casualidad, que debían entregar a algún auditor ese mismo día; y, 7) con lágrimas de cocodrilo parten hacia un “incierto” futuro cinco estrellas (aquí deben agitar el pañuelo rojo y negro con música sandinista de fondo).
Ah, y 8) se me olvidaba, escriben un libro en el cual relatan la traumática experiencia por la que pasaron, snif, snif, snif, y de como les nació, oh sí, la conciencia. Así que “las golondrinas” podrían volar en enero, o antes.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 25 de noviembre 2011.

¿Prosperidad o más estancamiento?


Ramón Parellada

El nuevo gobierno llega con nuevas caras. Muchas de ellas son excelentes profesionales con mucha capacidad, con mentalidad positiva, emprendedora, creadora de riqueza, pero que se van a encontrar con una situación difícil de resolver si siguen la telaraña de burocracia y presiones que se ejerce sobre cada uno de ellos.

Lo estamos viendo ya en cuanto al presupuesto. Lo ideal sería recortar el gasto en un 30% por lo menos para poder equilibrar los ingresos tributarios con el gasto público. Esto significa determinación y convicción para cerrar ministerios y programas que no son prioritarios. Sin embargo, se está haciendo más de lo mismo; se está incrementando el gasto y se pretende hacer una Reforma Fiscal dirigida a la misma base de contribuyentes. Es como meterle más carga a la carreta sin meter un nuevo buey que ayude a jalarla. Esta base de personas y empresas cada vez es menor en comparación con la totalidad de los habitantes que hay en el país. Se está reduciendo porque cada día el costo de tener gobierno es demasiado para ellos haciéndoles perder competitividad. Muchas empresas están cerrando porque sus negocios ya no son rentables con estas cargas. Otras se han ido a buscar países con mayor seguridad y menores costos, en especial el de tener gobierno, para producir y competir con precios a nivel internacional. La fuga de talentos es impresionante. Ya no sólo se van quienes tenían empresas, sino que ahora muchos padres de familia están enviando al exterior a sus hijos y tratan de que consigan trabajos en países donde puedan tener un mejor futuro.
No soy pesimista, pero si el nuevo gobierno no reduce drásticamente sus gastos y se concentra en seguridad y justicia eliminando todas aquellas cosas que no son prioritarias, entonces fracasará como lo hemos hecho en los últimos treinta años. Seguiremos sin crecimiento económico real per cápita. Y no puede exigirle a los mismos pocos de siempre que sigan tributando más, porque la pita ya está rompiéndose.
Quienes no comparten este criterio argumentan que la carga fiscal en Guatemala es muy baja y que hay que aumentarla. Esto es una gran falsedad y un error intelectual que nos lleva a compararnos en el presente con el resto de países del mundo hoy en día, incluyendo los más desarrollados. Sin embargo, lo correcto es compararnos con esos países desarrollados cuando eran pobres y estaban en una situación similar a la nuestra, buscando desarrollarse. Se sorprenderán al ver que los gastos públicos sobre el PIB (Producto Interno Bruto) no pasaron del 10% cuando esos países ya estaban bastante desarrollados. Nosotros estamos, incluso la seguridad social, alrededor del 17-18% del PIB.
El otro argumento equivocado que se maneja y que es difícil de explicar es el gasto social. Se dice que hay que aumentar el gasto social. La realidad es que con el gasto social no resolveremos jamás el problema de la pobreza. Lo que necesitamos es priorizar las verdaderas funciones del Estado (la razón de su establecimiento) que son la seguridad y justicia y la defensa de los derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad. Así veremos crecimientos reales per cápita y no seguir estancados como estamos. El mejor aliado de los pobres es el crecimiento económico. Además, con crecimiento económico todos estaremos mejor; se creará más riqueza para todos, se multiplicarán los empleos productivos y permanentes y hasta el gobierno recibirá más ingresos tributarios. Pero para lograr un mayor crecimiento económico hay que simplificar el sistema tributario, bajar impuestos y que el costo de tener gobierno sea compartido por todos y no por unos pocos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 24 de noviembre 2011.

El sentido menos común


JORGE JACOBS A.

Si quiere entender por qué el sentido común es el menos común de los sentidos, le recomiendo leer el libro Sentido Común en el que se publican algunas columnas que Manuel F. Ayau, mejor conocido como el Muso, publicó a lo largo de 50 años de periodismo de opinión, manteniendo siempre una impresionante congruencia de pensamiento. Al leerlo me entra nostalgia por el amigo que conocí, pero también cólera, al ver que si le hubiesen hecho caso hace 40 años, la situación de los guatemaltecos sería muy distinta.


A él le quedó la satisfacción no solo de decirlo en el momento que se debía decir, sino actuar basado en esos principios para cambiar las cosas que estaban mal.

Pero él sabía que cambios de esta envergadura no se hacen de la noche a la mañana. Lleva mucho tiempo de convencimiento a varias generaciones para lograr la masa crítica necesaria. Y a eso dedicó su vida, a sabiendas de que muy probablemente no vería muchos de los cambios por los cuales debatió durante tanto tiempo.

A pesar de los aparentes reveses y vicisitudes, se mantuvo auténtico, defendiendo los principios de una sociedad de personas libres y responsables, regida por la igualdad ante la ley —estado de Derecho— en un sistema económico de intercambio voluntario —mercado—; o lo que es lo mismo, el liberalismo.

Y no solo los guatemaltecos dejaron pasar esas enseñanzas. Cito por ejemplo un artículo publicado hace 40 años sobre el sistema monetario: “No creo que se adopte el oro hasta que el fracaso monetario internacional sea de mucha mayor magnitud que la crisis actual. Hasta que no degenere la situación en un caos, no claudicarán los economistas que hoy manejan el sistema monetario, aunque ya no pueden negar que han fracasado rotundamente en su objetivo de lograr la estabilidad monetaria a nivel mundial”.

¿Podía prever el Muso que un año después de su muerte podríamos estar llegando a ese momento? Por supuesto que no, pero lo importante es que los principios aplicables son los mismos, y desde aquella época, con un poco de sentido común, se podía prever que tarde o temprano la crisis irremediablemente llegaría.

Recorrer ese libro implica una conversación con su autor. Descubrir que no hay nada nuevo bajo el sol. Las respuestas y soluciones allí están, siempre lo han estado, pero son pocos los que tienen la humildad para reconocerlas y la valentía para defenderlas. El Muso fue uno de ellos y nos marcó el camino a muchos guatemaltecos que voluntariamente tomamos la estafeta para continuar en esa larga tarea de convencimiento por persuasión.

Lo más impresionante es que nunca se desanimó, como lo demuestra este párrafo escrito en los últimos años de su labor periodística:

“No pierdo la esperanza de que algún día echemos por la borda, al basurero intelectual, todas las teorías derivadas del fracasado colectivismo utópico que considera al ser humano como un instrumento de la sociedad y no como una criatura de Dios, con individualidad propia, con derechos inherentes a su condición humana, y no concedidos graciosamente por los políticos de los gobiernos.”

Busque el sentido común.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 24 de noviembre 2011.