Carroll Ríos de Rodríguez
El porqué de las reglas
Carroll Ríos de Rodríguez
Bienvenidos al sentido común
Algunos “son”, otros “están”, sutileza semántica disponible en pocos idiomas -el castellano es uno de ellos-. La reciente publicación del libro titulado Sentido común. 50 años de congruencia liberal, coloca nuevamente en el candelero a Manuel Ayau. El texto recopila -y agrupa por décadas- una serie de artículos que Muso publicó en varios medios escritos. La edición, lejos de ser anecdótica, no pasa desapercibida por importantes razones. Una, lo actual de aquello que escribiera medio siglo atrás, señal de que hemos avanzado poco o, en positivo, de que el aprendizaje es lento.
Otra, la claridad —y socarronería— con la que Muso se expresaba, lo que permite a cualquiera comprender teorías complejas o cuestiones técnicas relacionadas con la economía o la política, a fin de cuentas racionales ambas en su génesis. La libertad, como no podía ser de otra manera, es el eje medular de sus reflexiones y el barniz de sus propuestas. Ningún artículo escapa a ese mágico concepto y la humildad brilla en muchos de ellos: “El que está a favor de la libertad no trata de imponer coercitivamente su criterio a los actos ajenos”. (1968).
Todos son altamente recomendables y numerosos de obligada lectura. El titulado Pi…Pi…Pi…Pi (1970) describía el monopolio telefónico y el control estatal de los servicios públicos, necesariamente encadenados a la ineficiencia de los mismos. El mismo año, otro sobre lo perjudicial de la exoneración impositiva, hoy discutida y cuestionada en propuestas de reforma fiscal. La leche (1973) aborda el problema de los precios tope que gobiernos torpes imponen en “beneficio” de una ciudadanía que termina siendo privada de bienes o con escasez de ellos, algo abundado en Los controles de precios (1978).
En Medicina maravillosa (1974) cuestiona el argumento de utilizar más dinero público para enfrentar la inflación, la deflación, problemas con la balanza de pagos o el desempleo, como si de una pócima mágica se tratase. Más impuestos para “inversión pública” es la receta de algunos, aunque el ejemplo del desastre económico en la UE vislumbra exactamente lo contrario, algo que don Manuel ya advirtió. Interesante Carter y yo (1978), un excelente escrito sobre los derechos humanos en el que, desde el principio, se distancia del expresidente y sentencia: “.., él está a favor de los derechos humanos y yo a favor de los derechos de los humanos”, perspicaz matiz que genera toda una teoría encontrada frente a aquella otra que vociferan diariamente ciertas “personalidades” y colectivos.
El concepto de marginalidad es magistralmente explicado en 1985 y en Empobreciendo a los más pobres (1994) imparte una soberbia lección sobre el salario mínimo y sus nefastas consecuencias. La privatización de los monopolios, el mercantilismo, la “redistribución de la riqueza” y los privilegios son temas que aborda en la década de 1990. La violencia y la pobreza y ¿Es la izquierda viable?, puede ser una selección representativa de los siguientes años. En el primero, analiza y desmitifica el manipulado nexo que algunos promueven entre esos dos fenómenos. En el segundo, sentencia: “La izquierda nunca falla en delegar cómodamente las soluciones al gobierno, sin explicar cuáles son”.
Interesante selección de parte de su obra que puede sintetizarse en otra frase de Muso: “Padecemos de una laguna cultural que ignora cómo funciona una sociedad libre, basada en el respeto a los derechos individuales”. Cincuenta años son muchos, pero el triunfo, querido Muso, es de los perseverantes en las ideas, como tú. ¡Mis recuerdos más sinceros!
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 22 de noviembre 2011.
¡Juan Alberto vive!
JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
Un fantasma ronda Guatemala… es el fantasma de “la reformita”: aquel aumento de impuestos que nuestro exministro de Finanzas promovió infructuosamente durante su corta gestión. Ahora, como el Ave Fénix, “la reformita” resurge de sus cenizas. Bajo los auspicios del llamado G-40, parece ser abrazada por el presidente electo y su próximo ministro de Finanzas. Bien dice el refrán: “uno nunca sabe para quién trabaja”. En su aclamada autoapología, curiosamente titulada Rendición de Cuentas, el exministro de Finanzas, Juan que:
la razón por la cual había aceptado “ser ministro de Finanzas, impulsar la reforma tributaria, se estaba haciendo muy difícil”. Efectivamente, al ver que esta era imposible, el exministro “tira la toalla” y renuncia, para dedicarse a escribir su libro, dejando atrás el más alto endeudamiento público de nuestra historia. Sin embargo, previendo un cambio en el medio ambiente político, él mismo, junto a sus colaboradores, en el pretendido aumento de impuestos ha reunido nuevas fuerzas, presentando la propuesta al próximo gobierno. Si las declaraciones del presidente electo y su próximo ministro de Finanzas sirven de algo, el aumento de impuestos va.
“No es lo mismo verla venir que bailar con ella” —dice el otro refrán. La oposición era una cosa, el ejercicio del poder otra. Y ahora no solo hay que bailar con ella, sino que ella es la más fea de toda la fiesta. El desastre de finanzas públicas que Juan Alberto nos heredó tiene características sin precedentes. Ni siquiera Romeo Lucas nos dejó el desorden fiscal que Álvaro Colom nos está dejando. En medio de esa danza de millardos, las estimaciones de la potencial recaudación de la mal llamada “reforma tributaria” son a cual más variadas. Unos hablan de Q700 millardos por año. Otros dicen Q2 mil 800 millardos por año de más impuestos. No es para menos, estamos hablando de mover las tasas actuales para incrementar la tasa efectiva de ISR hasta en el 60%.
Lo malo es que, como el objetivo es aumentar impuestos, sin importar el costo, no vemos el verdadero problema. Aún logrando esos incrementos de tasas, el ritmo de gasto es tan acelerado que no solucionaremos nada. De acuerdo con el futuro ministro de Finanzas, aún después de “la reformita” estaremos enfrentando el año entrante un déficit fiscal cercano a los Q12 millardos que tendremos que financiar con endeudamiento adicional. ¿Cuánto tiempo más cree que lograremos vivir con un gobierno que gasta 30% más de lo que le ingresa? Yo, a este ritmo, le doy tres años. Quiere decir que si Otto Pérez no le pone freno al gasto público, él tendrá el dudoso honor de presidir una crisis financiera al estilo de Grecia pero sin alemanes y franceses que nos rescaten.
¿Quién iba a decirlo? Como nación votamos por el Partido Patriota esperando un cambio, pero resulta que lo que recibiremos es la misma receta fiscal del ministro de Finanzas de la UNE; aquella a la que el PP se opuso férreamente. Al refrán de “uno nunca sabe para quien trabaja” habrá que agregarle el apéndice “… y tampoco por quién vota”.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 22 de noviembre 2011.
El Tejido Social de Saúl
Estuardo Zapeta
Yo, tax payer
Segundo: que la prioridad de su gobierno debe ser la de velar porque las violaciones a los derechos individuales de TODOS los habitantes (TODOS pagadores de impuestos de una u otra manera) se reduzcan al mínimo posible lo más pronto que se pueda. También esperamos los pagadores de impuestos conscientes, que los antisociales que violenten la vida, la libertad o la propiedad de otros, compensen a sus víctimas y haya, por tanto, justicia. Que los criminales y delincuentes paguen las consecuencias de sus acciones.
Tercero: que NO cumplan con sus ofrecimientos populistas de campaña. Somos cada vez más los que estamos hartos de mantener a muchos que poco hacen por ellos mismos, y sólo esperan, ante la promesa injusta del Estado Benefactor/Mercantilista, que alguien más se encargue de llevarles el pan de cada día. Sólo uno mismo puede decidir qué significa “atender justamente sus necesidades” a partir de su escala de valores personal. Y es uno el único responsable de satisfacer sus necesidades. Nadie más es responsable. No hay que ser oportunista ni parásito.
Como dijo Julio César, según Suetonio, en el año 49 a. C. al cruzar el Rubicón: Alea iacta est (la suerte está echada). Si el próximo gobierno fracasa, es decir, decide hacer lo mismo de siempre (que, lamentablemente eso parece hasta el momento), nadie puede saber a ciencia cierta qué va a pasar en la tierra sin quetzal (ni ave ni billete). Lo único que sí puedo adelantar es que la situación para la mayoría de sus habitantes empeoraría en el largo plazo. Y en el corto también.