CREMA DE NÉCORAS

Esta noche buena, hice esta crema de nécoras, estaba muy rica, la receta me la dió la que me vendió la Th. Ingredientes;


2 andaricas o nécoras
100g de gambas peladas.
100g de mejillones( cocidos y sin cascara)
200g de nata liquida
2 pastillas de caldo de pescado
1/2 pimiento rojo
1/2 cebolla
1 guindilla
250g de tomate triturado natural
50g de aceite de oliva

Trocear las nécoras en v 6, 3segundos.
Añadir 700g de agua y programar, 15 minutos temperatura varoma, v 3.
Colar y reservar.
Echar en el vaso la cebolla, la guindilla y el pimiento, trocear añadir 50g de aceite y programar 7 minutos, varoma, y v1.
Añadir el fumet reservado, las gambas peladas, y los mejillones, el tomate triturado, las pastillas de caldo, y programar, 20 minutos, varoma, v1.
Incorporar la nata, mezclar, y triturar 1 minuto v10.
Sevir caliente y decorado con jamón tostado.


Puse también unas brochetas de langostino con bacon, al PX, que ricos!!

Y mi madre trajo la carne, cerdo relleno con su salsita, que estaba buenisima...
Y la tarta, mousse de turrón, con base de bizcocho de avellana y chocolate, ummmm!!!

OS DESEO UN FELIZ AÑO 2012!!!

¡Feliz año!


Luis Figueroa

En mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Mis padres y tíos eran jóvenes, alegres y parranderos; de modo que para el Año Nuevo organizaban sus fiestas en la casa de mi abuela Frances y a los niños nos despachaban a la casa de mi abuela Juanita.

Ella y mi tía abuela, la mamita, montaban una fiesta para cuatro, cuyo propósito era conseguir que, en un ambiente alegre, los críos le diéramos la bienvenida al año nuevo.

La Mamita y la abuelita nos contaban historias; y así fue como supimos cómo era un viaje a Esquipulas –en la primera década del siglo pasado– para una niña de menos de 10 años, montada en un caballo llamado Chino. Así nos enterábamos de cómo era la vida en la Guatemala de “cuando se amarraba a los chuchos con longanizas”. Así oí que había unos juegos pirotéctnicos llamados “toritos”, que lanzaban luces multicolores y que perseguían a la gente durante las festividades.

Aquella fiesta no podía pasar sin que quemáramos cohetes. Pero como las dos viejitas eran prudentes, los que nos permitían quemar eran estrellitas y unas bolitas de colores que, al somatarlas contra el piso, estallaban. Nada de ametralladoras, varas, y otras cosas más complejas, que solo quemábamos en la Nochebuena, acompañados por mi padre.

Para la cena, mi madre dejaba la mesa puesta con buena cantidad de golosinas, así como con algún pequeño pavo o pierna que los niños íbamos despedazando poco a poco entre relato y relato. A veces, claro, nos vencía el sueño. Quién sabe si porque se iba haciendo tarde, o porque la voz de La mamita nos arrullaba, o por la copa de rompopo, vermouth, o marsala al huevo que se nos permitía tomar.

Cerca de la media noche, las viejitas se aseguraban de que la radio estuviera sintonizada en la estación que transmitiría “El brindis del bohemio” y de que nuestras pequeñas copas estuvieran llenas. Cada quién tenía sus doce uvas. Los dos mayores teníamos nuestras estrellitas y nuestras bolitas explosivas. Y cuando comenzaba el alboroto propio de la bienvenida para el nuevo año nos abrazábamos como si no nos hubiéramos visto en décadas. Y mis padres llamaban por teléfono y nos gritábamos ¡feliz año! como mejor podíamos. Y cada noche de Año Nuevo, no importa en dónde esté, siempre recuerdo esas fiestas, y en mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periódico", el día viernes 30 de diciembre 2011.

Gracias 2011, bienvenido 2012


Karen Cancinos

Tener familia y vivir con ella en un hogar es algo por lo cual dar gracias.

Ya tendremos tiempo el año que viene de ocuparnos de política. En estos preciosos días navideños, he decidido cerrar este 2011 con unas líneas sobre una institución que en varias instancias pareciera considerársela como enemigo popular, cuando en realidad es un bien público. Me refiero a la familia. Lo que haré será aludir a una afirmación que escucho y leo a menudo. Luego anotaré por qué pienso que es infundada y maliciosa.

“La familia es una construcción patriarcal, diseñada para beneficio de los hombres y en detrimento de las mujeres”. Palabras más palabras menos, eso es lo que se dice y, peor aún, lo que la mayor parte de la gente se traga como si fuese píldora de sabiduría. Pero de eso nada. Es un despropósito mayúsculo y bastante poco original. Ya Carlos Marx y Federico Engels escribieron algo así en su conocido Manifiesto de hace más de 160 años.

No afirmo que tal frase es una necedad por inquina alguna hacia sus autores decimonónicos, sino porque, en primer lugar, la familia no es “una construcción”, ni un invento ni un diseño de alguien en particular, o de unos pocos. Es una institución, y como tal tiene un origen que se pierde en la noche de los tiempos. En otras palabras, desde que los seres humanos somos gregarios la familia ha tenido un lugar no solo importante sino vital en la conformación social. Claro que su estructura ha diferido según entornos culturales, pero en el nuestro está basada en el matrimonio, y aunque eso puede gustar o no, la realidad es que tal familia es la que vertebra cualquier comunidad de las sociedades occidentales actuales.

En segundo lugar, es una estupidez sin atenuantes la insinuación de que vivir en familia es una conveniencia para los hombres y un peligro para las mujeres. A propósito del caso Siekavizza, Siglo.21 publicó esta semana que 43 mil denuncias de violencia intrafamiliar se han presentado en el MP este año, 10 mil más que el año pasado. Suena terrible, y de hecho lo es. Pero no perdamos de vista que cualquier cifra hay que leerla siempre en contexto y en proporción. Y si tenemos 2 millones 600 mil hogares en Guatemala, 43 mil significa 1.65%. De manera que, aunque compartimos que es lamentable que en 1.65% de hogares del país haya violencia, también sostenemos que es malintencionado y retorcido colegir de esto que el hogar, que es decir familia, sea donde se corre más peligro. Porque la verdad es que tener una familia y vivir con ella en un hogar es, en la inmensa mayoría de los casos, algo por lo cual dar gracias.

Lo que soy yo, copa de champán en mano este Año Nuevo, celebraré a la familia como institución, a las de mi país como bien público, y a la mía como bendición personal: esposo, madre, hermanos, cuñadas, sobrinos, tíos, primos, amigos. Este 2011 bailamos juntos en bodas, celebramos el arribo de bebés, cuidamos a los que estuvieron enfermos, y enterramos a papá con lágrimas cuando fue llamado a la casa del Padre de todos. Con el corazón contento, le deseo un estupendo 2012. Que lo viva con su querida familia: si es como la mía, de seguro no es perfecta, pero sí muy feliz.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 30 de diciembre 2011.