ROSCON DE REYES

Aqui os traigo mi roscón, después de haber comido dos, que me regaló Anagrú, el de hojaldre, que le encanta a mi marido, y un arbol de navidad monisimo, pues he hecho hoy los mios, para tenerlos para merendar, hice tres, uno grande, y dos pequeños, a uno le puse azucar y chocolate, que mi hijo lo quiso así.
El lunes tengo que ponerme a dieta no pude ser!!!, jajaja
Hice la misma receta del año pasado, http://cocinaconpindorina.blogspot.com/2010/12/pan-dulce-con-crema.html

Diputados mal medidos


JORGE JACOBS A.

Con el fin de año se suele encontraren los medios de comunicación evaluaciones de la labor de los diputados en el Legislativo. Yo considero que esas evaluaciones en general son erróneas ya que miden al Congreso por la cantidad de “leyes” aprobadas y a los diputados por la cantidad de iniciativas propuestas. Esa es una malísima medición e incentiva a los diputados a presentar cualquier mamarrachada que se les ocurra con tal de no aparecer mal calificados.

Por ello no nos debe extrañar que la mayoría de las “leyes” aprobadas tengan serios defectos —por decir lo menos— cuando no ocasionan graves perjuicios a los derechos de los ciudadanos.

Y alguien dirá que “esa” es la labor del Congreso y los diputados: aprobar leyes. Lo cual también es erróneo, ya que esa es una parte de las atribuciones de los diputados, pero no toda. Otro deber que tienen, el cual considero mucho más importante ante la triste realidad de Guatemala, es el de fiscalizar el uso que los funcionarios públicos hacen del dinero de los tributarios. Esa parte la mayoría de la gente parece ignorarla.

En el caso de los diputados, no nos debe extrañar que se hagan los completos locos ante la obligación de fiscalizar, ya que muchos tienen la cola machucada, y si empiezan a hurgar, de seguro se encontrarán con colas de otros sus colegas. En la legislatura que está terminando quedó más que claro que una buena parte del interés —y la inversión— por llegar al Congreso se centra en poder echar mano a muchos millones del presupuesto a través de la ejecución de obras por parte de empresas y ONG vinculadas con los diputados, sus familiares o amigos.

En esta misma legislatura, solo tuvimos unos cuantos ejemplos dignos de admirar de diputadas que intentaron fiscalizar algo de los desmadres que cometió la administración de los Colom. El resto de diputados, bien gracias, prefirieron pasar lo más desapercibido posible, no fuese a ser que se supieran las tranzas en las que estaban metidos.

Ante esa triste realidad, hago un llamado a los medios de comunicación para que se olviden de esa absurda manera de medir a los diputados y les propongo una nueva: que se les juzgue por la cantidad de dinero que encuentren que los funcionarios públicos están robando o malgastando.

Esta creo que es la única forma de alinear los incentivos de la labor de los diputados con algún beneficio real que podamos tener los ciudadanos. De nada nos sirve que aprueben cientos o miles de leyes, si la mayoría solo sirve para fregarnos más. Pero de mucho servirá si encuentran algo de los cientos de millones de quetzales que se pierden anualmente en la gestión poco transparente de los gobernantes.

Y si le quieren dar el “beneficio” de la duda al gobierno que empieza este año, antes de contarle las costillas que se las cuenten al que se va. En los próximos meses tienen que aprobar la ejecución del presupuesto del año pasado, donde de seguro encontrarán muchas cosas anómalas que pueden fiscalizar. Y nosotros los ciudadanos debemos presionarlos para que lo hagan. Y los nuevos gobernantes, que tanto se precian de la transparencia, también debieran presionarlos para que cumplan su trabajo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 05 de enero 2012

Educar para la paz


Carroll Ríos de Rodríguez

A través de la historia las diferencias entre pueblos y culturas han propiciado conflictos, abusos y destructivas guerras mundiales.

“La paz, en su sentido más pleno y alto, es la suma y la síntesis de todas las bendiciones,” afirma el papa Benedicto XVI. Mas no basta con deseárnosla al saludarnos, pues los padres de familia y los educadores debemos educar a los jóvenes para la paz. ¿Qué conlleva encarar el reto que nos lanza el Santo Padre con ocasión de la XLV Jornada Mundial de la Paz?

A través de la historia las diferencias entre pueblos y culturas han propiciado conflictos, abusos y destructivas guerras mundiales. Las nuevas generaciones están más conectadas y expuestas a distintas costumbres, y ello coadyuvará a la paz mundial en la medida en que los jóvenes aprendan “el valor y el método de la convivencia pacífica, del respeto recíproco, del diálogo y la comprensión”.

Llama la atención que la solución definitiva del Papa —formar a personas concretas una por una — se ubica en el plano micro, y no en el plano macro-colectivo de manifiestos supranacionales o edictos nacionales.

Aprender a convivir en paz en comunidades plurales implica reconocer, primero, la diversidad como una realidad positiva, y luego asignar valor a la virtud de la tolerancia. Aquellos que tienen costumbres e ideas divergentes de las propias merecen nuestro respeto, siempre y cuando no atenten contra los derechos inalienables de los demás. La tolerancia no riñe con la búsqueda de la verdad sobre la condición humana (ni de la Verdad). No es relativismo. Sí riñe con actitudes y prácticas coercitivas, pues favorece el método de la persuasión.

La exhortación de Benedicto XVI me recordó el libro clásico por Leonard Read, Cualquier cosa que sea pacífica (1898). Para Read, el cometido de nuestra existencia terrena es “expandir nuestra conciencia hasta entrar en la mayor armonía de la que somos capaces con la Conciencia Infinita, o, en términos más seculares, ver qué tanto cada uno puede aproximarse a la realización de esas potencialidades creativas peculiares a su persona, siendo cada uno distinto en este respecto”. De ahí que la paz, la verdad y la libertad se entrelacen: cuando cada cual es libre para perseguir sus metas lícitas, sin irrespetar las del vecino, la sociedad prospera sobre la base de relaciones voluntarias y pacíficas.

En este ambiente florece el ser humano íntegro o incorruptible, comprometido con su conciencia, dice Read. Dicha persona sabe que no puede dirigir la vida de los demás (es humilde), y trata al prójimo como quisiera ser tratado (es justo). Posee un sentido de lo correcto; su “silencio creativo” no llama la atención, aun cuando su conducta es extraordinaria.

Si queremos formar jóvenes íntegros según el perfil trazado por Read, tenemos que educar para la paz y para la libertad, desde la libertad. Son muchos los obstáculos a remover para crear tal clima educativo, pero Read nos alienta: “el arte de llegar a ser se compone de actos de superación. Y transformarse es el propósito primario en la vida; transformarse es, de hecho, iluminación y auto-educación, su propia recompensa”.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día miércoles 04 de enero 2012.